Las vacaciones de verano ya comenzaron en México y, como cada año, las playas se convierten en el destino favorito de las familias. El sol, la arena y el mar son sinónimo de diversión, pero también de riesgos para la piel de los niños.
Su epidermis es más delgada y sensible que la de los adultos, lo que los hace más vulnerables a los daños causados por los rayos ultravioleta (UV). De hecho, solo una quemadura solar con ampollas durante la infancia puede casi duplicar el riesgo de desarrollar melanoma, el tipo más mortal de cáncer de piel, en la edad adulta.
Te podría interesar
La regla de oro: combinar protección, no depender de una sola
Los especialistas coinciden en que el protector solar es una herramienta fundamental, pero no la única. "Es solo una herramienta en la caja", advierten los pediatras, que recomiendan un enfoque múltiple para una protección eficaz.
La combinación de varias estrategias es lo que realmente mantiene a salvo a los niños durante sus días de playa.
- Buscar la sombra en las horas clave y vestir con inteligencia
El primer consejo es evitar la exposición solar entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde, cuando los rayos UV alcanzan su máxima intensidad. Durante esas horas, lo mejor es buscar actividades bajo la sombra de una sombrilla, un árbol o una carpa.
Para los bebés menores de 6 meses, esta regla es aún más estricta: se debe evitar el sol directo y protegerlos con ropa ligera de manga larga, sombrero de ala ancha y carriola cubierta.
La ropa es la primera barrera contra el sol. Se recomienda vestir a los niños con camisas y pantalones largos de tejido apretado y colores oscuros, que ofrecen mejor protección que los claros.
En la playa, una camiseta de baño con factor de protección UPF 30 o superior es una excelente inversión. No olvides los sombreros de ala ancha que protejan el rostro, las orejas y la nuca, y las gafas de sol con protección 100% UVA y UVB para cuidar sus ojos.
El protector solar: ¿cómo, ¿cuándo y cuál elegir?
Para niños mayores de 6 meses, el protector solar es imprescindible. Los dermatólogos recomiendan usar un producto de amplio espectro (protección UVA y UVB), con un SPF de 30 o superior y resistente al agua.
Se debe aplicar generosamente sobre toda la piel expuesta (incluyendo orejas, nariz, labios y empeines) 30 minutos antes de la exposición y re aplicar cada 2 horas, o inmediatamente después de nadar, sudar o secarse con la toalla.
Para los niños con piel sensible, se prefieren los protectores solares minerales o físicos (con óxido de zinc o dióxido de titanio), ya que son menos irritantes y actúan de inmediato.
Recuerda que, incluso en días nublados, hasta el 80% de los rayos UV pueden atravesar las nubes y dañar la piel. La protección solar debe ser un hábito diario, no solo para la playa. Predica con el ejemplo: si los padres se protegen, los niños aprenderán a hacerlo también. Con estos cuidados, el verano será sinónimo de recuerdos felices y piel sana.
Para enterarte de toda la información que necesitas sobre salud y bienestar síguenos en Facebook y TikTok.
