En TikTok e Instagram, existe la tendencia de que cada vez más hombres están cambiando sus calzoncillos de poliéster por opciones de algodón orgánico, convencidos de que los materiales sintéticos podrían estar afectando su fertilidad. La inquietud no es nueva, pero ha resurgido con fuerza de la mano de conversaciones sobre microplásticos y "químicos eternos" que invaden desde el agua potable hasta la ropa que usamos a diario.
Sin embargo, ¿qué tan fundamentada está esta alarma? La piel es el órgano más grande del cuerpo y todo lo que entra en contacto con ella podría, en teoría, ser absorbido hacia el torrente sanguíneo. Por eso, la ciencia ha puesto la lupa sobre el poliéster y otras telas sintéticas para determinar si representan un riesgo real para la salud reproductiva o si se trata de un mito amplificado por las redes sociales.
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El estudio que encendió las alarmas
Buena parte de la controversia se remonta a una serie de investigaciones lideradas por el doctor Ahmed Shafik, de la Universidad de El Cairo. En un estudio publicado en 1993 en la revista Urological Research, se vistió a un grupo de perros con ropa interior de poliéster y a otro con algodón durante 24 meses. Los resultados fueron llamativos: al final del experimento, los perros del grupo de poliéster mostraron una disminución significativa en el conteo de espermatozoides y un aumento de formas anormales.
El mismo equipo investigador había descubierto previamente que las telas de poliéster generan cargas electrostáticas al friccionar con la piel, creando un campo eléctrico alrededor del escroto. En un ensayo con 21 voluntarios humanos, los calzoncillos de poliéster puro produjeron potenciales de hasta 338 voltios por centímetro cuadrado, mientras que los de algodón no generaron ninguna carga detectable. La hipótesis planteada fue que este campo electrostático podría alterar la función testicular, aunque los propios autores enfatizaron que los cambios observados eran temporales y reversibles al dejar de usar la prenda.
Lo que dice la ciencia moderna: químicos, no la tela en sí
Más allá del efecto electrostático, la investigación contemporánea apunta a los aditivos químicos presentes en los tejidos sintéticos. Audrey Gaskins, profesora asociada de salud ambiental en la Universidad de Emory, explica que el foco actual no está en el poliéster como material, sino en las sustancias que puede contener, como los PFAS (sustancias perfluoroalquiladas), el bisfenol A (BPA) y los ftalatos.
Los PFAS, utilizados para dotar a la ropa de resistencia al agua, se han vinculado con una reducción de hasta el 40% en la fertilidad femenina, además de asociarse con endometriosis y síndrome de ovario poliquístico. Por su parte, un estudio de 2022 en el Journal of Clinical Medicine encontró mayor prevalencia de problemas ováricos en mujeres con altos niveles de BPA en sangre, mientras que los ftalatos se han relacionado con menores tasas de embarazo y mayor incidencia de abortos espontáneos.
Lo que dicen los especialistas en fertilidad
Pese a estas asociaciones, los urólogos y especialistas reproductivos se muestran cautelosos. Jaime Knopman, directora de preservación de la fertilidad en CCRM Fertility New York, advierte que, si bien un cambio de ropa interior no hace daño, "es casi imposible determinar si un análisis de semen es irregular debido a la elección de calzoncillos". Alex Robles, del Centro de Fertilidad de la Universidad de Columbia, coincide en que "no hay evidencia sólida de que telas específicas por sí solas tengan un impacto significativo en la fertilidad masculina".
Lo que sí está bien documentado es que el aumento de la temperatura escrotal, provocado por prendas muy ajustadas o por permanecer largos periodos sentado, puede reducir la calidad del semen. En ese sentido, la recomendación práctica se inclina más hacia elegir ropa interior holgada y de materiales transpirables, más que por un pánico específico al poliéster.
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