Existe un debate que genera opiniones divididas: ¿Es apropiado que los padres se bañen con sus hijos pequeños? Algunas personas lo ven como un acto natural dentro de la crianza, mientras que otras consideran que puede afectar la autonomía del menor y los límites de la intimidad. Entonces, ¿quién tiene la razón? ¿Cómo deberías manejar este tema con tus hijos? A continuación te decimos lo que opinan los expertos.
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Bañarse juntos según factores culturales y de crianza
En entrevista con El País, el psicólogo Luis Guillén Plaza, psicólogo especialista en sexología y terapia de pareja, señala que el contexto cultural influye significativamente en la percepción de esta práctica.
Él destaca que en países nórdicos la desnudez dentro del hogar suele abordarse con naturalidad, mientras que en sociedades con fuerte raíz cristiana, como en Latinoamérica o España, prevalecen valores de privacidad y pudor. En culturas asiáticas, como la japonesa o coreana, el baño compartido es un momento de relajación y convivencia familiar.
Beneficios del baño compartido
Los especialistas coinciden en que, durante los primeros años de vida, compartir el baño con los hijos puede ser positivo. Laura Cerdán, psicóloga clínica y psicopedagoga citada por El País, señala que esta práctica puede reforzar el vínculo afectivo, ayudar a instaurar hábitos de higiene y fomentar una relación saludable con el cuerpo. Guillén Plaza también añade que también permite que los niños aprendan sobre su cuerpo de manera natural y progresiva.
¿Cuándo debería dejarse de hacer?
Aunque no hay una edad universal para dejar de bañarse con los hijos, los expertos recomiendan que a partir de los 5 o 6 años se fomente la autonomía y la privacidad. A esta edad, los niños comienzan a desarrollar pudor y conciencia sobre su cuerpo, por lo que mantener esta práctica podría generar confusión sobre los límites personales. Además, es una etapa en la que es importante enseñarles que su cuerpo les pertenece y que tienen derecho a su privacidad.
Foto: Canva
En casos de niños con necesidades especiales o problemas de desarrollo, el acompañamiento en el baño puede prolongarse por razones de seguridad, pero siempre respetando su comodidad y privacidad. Según el Dr. Michael Chapman, pediatra y miembro de la American Academy of Pediatrics, en entrevista con Romper, la transición debe realizarse gradualmente, acompañada de conversaciones sobre higiene, respeto y consentimiento.
“Como padre o madre, tú debes ser quien enseñe a tu hijo o hija sobre las partes de su cuerpo”, señala Chapman. “Alrededor de los dos o tres años, los niños empiezan a sentir curiosidad sobre su cuerpo. Es importante enseñarles los nombres correctos de las distintas partes de su cuerpo y enseñarles a lavarlas correctamente”.
La clave: respetar las señales del niño o niña
Cada familia es diferente, y la decisión sobre cuándo dejar de compartir el baño dependerá de lo que sea adecuado para padres e hijos. Sin embargo, lo más importante es prestar atención a las señales del menor. Si un niño expresa incomodidad o empieza a evitar el baño compartido, es fundamental respetar su decisión y fomentar su independencia.
En definitiva, más allá de la práctica en sí, lo esencial es enseñarles sobre su cuerpo, la importancia del consentimiento y el respeto a la privacidad, lecciones que, sin importar la edad, los acompañarán toda la vida.
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