Conservar una amistad con una expareja es un fenómeno cada vez más común, impulsado por la inmediatez de las redes sociales y la dificultad de cortar lazos en un mundo hiperconectado. Sin embargo, lo que a simple vista parece una muestra de madurez emocional podría tener lecturas menos halagadoras desde la psicología.
Un estudio de la Universidad de Oakland se propuso indagar qué hay detrás de quienes eligen mantener el vínculo después del amor. Los hallazgos dibujan un panorama complejo donde conviven la nostalgia, el afecto genuino y, en algunos casos, rasgos de personalidad que vale la pena conocer.
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Las razones emocionales: entre la familiaridad y la esperanza
Entre los motivos más comunes para no soltar a una expareja está la familiaridad y la comodidad que brinda conocer profundamente a alguien con quien se compartió intimidad. A esto se suma la dificultad emocional de aceptar la separación definitiva y el deseo de evitar hacer daño al otro. En muchos casos, la amistad post-ruptura es un puente que mantiene viva la esperanza de una reconciliación, especialmente cuando existen sentimientos no resueltos por una o ambas partes.
- El lado oscuro que encontró la ciencia
El estudio de la Universidad de Oakland encuestó a cientos de personas sobre sus relaciones pasadas y descubrió un patrón inquietante. Los investigadores concluyeron que algunas personas que mantienen contacto con sus ex podrían manifestar rasgos psicopáticos como egocentrismo, manipulación, falta de empatía, ausencia de culpa e impulsividad. En estos casos, la amistad no responde al cariño, sino a la conveniencia y a la posibilidad de obtener algún tipo de beneficio personal.
- No todo es negativo: afecto y pragmatismo
La misma investigación matiza que no todos los casos son iguales. Muchos participantes mantenían contacto con sus exparejas por razones más benignas, como el afecto sincero que persiste tras el duelo amoroso o la conveniencia práctica cuando comparten círculos sociales, proyectos laborales o hijos en común. La clave está en la intención detrás del vínculo y en si ambas partes han cerrado realmente el capítulo romántico.
¿Cómo terminar una relación de manera sana?
Para evitar que una ruptura derive en dinámicas tóxicas, la psicología recomienda ser honesto contigo mismo y con la otra persona, expresando con calma y sinceridad las razones por las que la relación ya no funciona. Es fundamental tener esa conversación en persona, con respeto y sin intención de lastimar. Posteriormente, cortar el contacto temporalmente y apoyarse en amigos y familiares ayuda a afrontar el proceso de duelo. Si la ruptura genera un impacto emocional profundo o se vuelve difícil de superar, buscar la orientación de un consejero profesional puede ser la mejor opción.
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