¿Es malo para la salud pasar largos periodos sin tener relaciones íntimas? La respuesta la da un estudio pionero publicado en The Journal of Sexual Medicine analizó a más de 400 participantes y concluyó que la abstinencia de un mes no genera beneficios ni perjuicios significativos en el bienestar sexual de las personas sanas. Es decir, no hacerlo no te enferma por sí mismo.
Pero ojo: esto no significa que la frecuencia íntima sea irrelevante. Investigaciones a gran escala han encontrado vínculos importantes entre la inactividad íntima prolongada y ciertos problemas de salud, especialmente en el plano emocional y en personas con enfermedades crónicas. La clave está en entender que la diferencia no la hace la abstinencia en sí, sino el contexto: no es lo mismo no tener sexo por decisión propia que por frustración, falta de oportunidad o enfermedad.
Te podría interesar
Depresión y estrés: los riesgos más documentados
Diferentes estudios respaldan la asociación entre baja frecuencia íntima y problemas de salud mental. Un análisis de datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de EE. UU. (NHANES) reveló que las mujeres de 20 a 59 años que tenían relaciones íntimas 11 veces o menos al año presentaban un 37% más de riesgo de depresión en comparación con aquellas con mayor frecuencia.
Los investigadores señalan que esta relación puede ser bidireccional: la depresión reduce el deseo sexual, y la inactividad prolongada puede profundizar el malestar emocional.
Además, la frustración íntima—esa sensación de desajuste entre el deseo y la realidad— puede manifestarse como irritabilidad, ansiedad, baja autoestima y, en casos extremos, conductas de riesgo. La ausencia de liberación de endorfinas y oxitocina, hormonas que el sexo ayuda a generar, también podría contribuir a mayores niveles de estrés cotidiano.
Corazón y sistema inmune: ¿beneficios que se pierden?
La actividad íntima regular se ha comparado con un ejercicio de intensidad leve a moderada. En personas sanas, ayuda a movilizar el sistema cardiovascular sin riesgos.
Sin embargo, un hallazgo más preocupante proviene de otro estudio con datos NHANES: las personas con enfermedades cardiovasculares que además tenían una frecuencia sexual baja (menos de una vez al mes) mostraban un riesgo de mortalidad significativamente mayor que aquellas con la misma enfermedad, pero vida sexual activa. Los autores sugieren que "la combinación de enfermedad cardiovascular y baja frecuencia sexual tiene peores desenlaces que la enfermedad sola".
En cuanto al sistema inmunológico, aunque la evidencia es menos sólida, algunos expertos señalan que el sexo regular se asocia con niveles más altos de anticuerpos. La inactividad prolongada no "daña" las defensas, pero podría implicar perder ese efecto modulador.
Para enterarte de toda la información que necesitas sobre salud y bienestar síguenos en Facebook y TikTok.
