FETICHES

Fetiches: ¿Qué son y cómo hablar de ellos con tu pareja?

En la intimidad, los fetiches y las fantasías son muy comunes, pero cuáles son las diferencias y cuáles es el límite cuando estás con tu pareja, la sexóloga Ana Franco lo explica

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Hablar de sexualidad suele hacerse en voz baja debido a que culturalmente se han construido tabúes y prejuicios. Sin embargo, la sexóloga Ana Franco explica que el placer es un derecho humano y que explorar nuestras fantasías y fetiches es una parte natural de la experiencia erótica, siempre que exista una comunicación clara y respeto mutuo.

¿Qué es realmente un fetiche?

A diferencia de una fantasía, que es un pensamiento que habita solo en la mente y puede o no llevarse a cabo, el fetiche implica un gusto concreto por elementos externos. Según la doctora Franco: "Un fetiche es el gusto por algún objeto, textura o parte del cuerpo".

La experta señala que, en sexología, cuando el interés se centra en una parte del cuerpo, se le denomina "parcialismo". El origen de la palabra fetiche proviene del portugués feitiço, que significa "amuleto mágico", haciendo referencia a la "magia" o excitación que pueden generar objetos como los tacones, la lencería, el látex o el cuero.

Los fetiches más comunes: El fenómeno de los pies

Aunque existen prácticas menos frecuentes, hay gustos que comparten muchas personas. El "rey" de los fetiches actuales es, sin duda, el gusto por los pies. Franco explica que esto tiene una base fisiológica: mientras el clítoris tiene unas 11,000 terminaciones nerviosas, cada pie cuenta con aproximadamente 7,000, lo que los hace extremadamente sensibles al tacto y al estímulo.

Otros fetiches y prácticas comunes mencionados en las fuentes incluyen:

  • Aromas y perfumes: El olfato juega un papel crucial en la atracción y el erotismo.
  • Disfraces y juegos de rol: Utilizar uniformes o cambiar de identidad (usando nombres ficticios para evitar confusiones) ayuda a salir de la rutina.
  • Texturas: El contacto con materiales específicos como la seda o el cuero.

¿Existe un límite? El consenso como regla de oro

La línea entre una práctica placentera y un problema radica en dos factores: el consentimiento y la funcionalidad de la respuesta sexual. La doctora Franco es enfática al decir que "el no es no... en todas las prácticas del mundo".

El límite se cruza en dos escenarios específicos:

  • Falta de consenso: Cuando se insiste a la pareja en realizar una práctica que ya rechazó. En ese punto, "ya estoy ejerciendo una violencia en el momento en el que estoy afectando a alguien más".
  • Dependencia exclusiva: Cuando la persona ya no puede lograr excitación o lubricación si no es estrictamente a través del fetiche, convirtiéndose en una fijación invasiva que limita la interacción sexual.

La importancia de construir acuerdos

Para integrar estas inquietudes en la relación, la comunicación debe ser honesta y, de preferencia, iniciarse desde temprano. Franco sugiere que estas charlas deberían darse incluso en las primeras citas para evaluar la compatibilidad.

La clave para abrirse con la pareja es hablar desde el "yo" y no como una exigencia hacia el otro: "Siempre empezando desde mí misma, no aventándole la bolita al otro". Al compartir un gusto personal primero, se genera un ambiente de confianza que invita a la otra persona a explorar sus propios deseos sin sentirse juzgada.

En última instancia, la invitación de la experta es a "cambiarse el chip" y entender que la sexualidad es un campo de juego infinito donde la piel es el órgano más grande y el cerebro el más importante.