La violencia en una relación de pareja no siempre se manifiesta con golpes o gritos. Existe una forma de maltrato más silenciosa, pero igualmente devastadora: la violencia psicológica.
La violencia psicológica se caracteriza por un patrón sistemático de conductas destinadas a dominar, controlar, aislar y herir la autoestima de la otra persona. A menudo, la víctima tarda en identificarla porque no hay marcas físicas visibles, lo que puede generar confusión y hacerle dudar de su propia percepción de la realidad.
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¿Cuáles son las señales de que vives violencia psicológica en tu relación?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia de pareja, que incluye la psicológica, es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas a nivel global, con consecuencias graves para la salud mental, como depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático e incluso pensamientos suicidas.
Reconocer las señales es el primer y más crucial acto de autodefensa:
- Control y vigilancia excesiva disfrazados de "preocupación"
Una de las primeras señales suele ser un control progresivo sobre tu vida, que inicialmente puede enmarcarse como interés o amor. Esto incluye revisar tu teléfono móvil y redes sociales sin permiso, exigir contraseñas, cuestionar constantemente dónde estás, con quién y qué haces, o querer aprobar tu ropa y amistades. El agresor busca tener un dominio total sobre tu tiempo, tus relaciones y tu espacio personal.
- Devaluación constante
El agresor puede burlarse de tu apariencia, tus ideas, tu trabajo o tu forma de ser con frases como "nadie más te aguantaría", "así no se hacen las cosas" o "exageras, siempre dramática". Este "gaslighting" o manipulación de la realidad tiene un objetivo claro: hacerte dudar de tu valía, tu inteligencia y tu cordura, para que creas que necesitas a esa persona y que el problema eres tú.
Un estudio publicado en la revista Psychology of Violence vinculó directamente la exposición a la devaluación verbal y el "gaslighting" con niveles significativamente más altos de depresión, ansiedad y síntomas disociativos en las víctimas.
- Aislamiento progresivo de tu red de apoyo
El agresor trabaja activamente para separarte de tu familia, amigos y cualquier persona que pueda ofrecerte una perspectiva externa o apoyo. Critica a tus seres queridos, genera conflictos para justificar que dejes de verlos, o hace que te sientas culpable por dedicarles tiempo. El mensaje implícito es: "Solo yo te entiendo, solo yo te quiero de verdad".
- Manipulación emocional y victimización
El maltratador puede hacerte sentir culpable por su enfado ("mira lo que me obligas a hacer"), llorar o mostrarse extremadamente arrepentido tras un episodio de abuso (en el ciclo de "luna de miel"), o negar rotundamente que haya dicho o hecho algo hiriente ("eso nunca pasó", "estás loca/o"). Esta manipulación crea un estado de confusión permanente, donde la víctima termina asumiendo la responsabilidad del abuso y centrándose en "arreglar" las cosas para calmar al agresor.
- Amenazas veladas y generación de miedo
La violencia psicológica a menudo incluye amenazas que no son directas, pero son claramente entendidas. Pueden ser amenazas de suicidio si la persona se va, de hacerle daño a sí mismo, de quitarle a los hijos, de difundir información privada o de arruinar su reputación. El objetivo no es necesariamente ejecutar la amenaza de inmediato, sino instalar un miedo constante que paralice a la víctima y la disuada de poner límites o terminar la relación.
Este clima de terror psicológico es una forma de tortura emocional. La OMS, en sus informes sobre violencia, destaca que el miedo crónico es una de las consecuencias más debilitantes para la salud mental y física de las personas que sufren maltrato.
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