Cuando el deseo íntimo disminuye o desaparece, es común que surjan sentimientos de frustración, culpa o preocupación dentro de la relación, como si se tratara de un fallo personal, pero es importante encontrar las posibles razones del por qué NO se tienen ganas.
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Esta ausencia de ganas rara vez es una cuestión de simple "falta de interés"; es, en la mayoría de los casos, un síntoma que apunta hacia otras áreas de nuestra vida que requieren atención.
Las razones por las que NO tienes ganas de tener intimidad
El primer paso para abordar este cambio es dejar de verlo como un problema y comenzar a entenderlo como un mensaje del cuerpo y la mente.
Estas son las razones por las que NO tienes ganas de tener intimidad:
- Agotamiento crónico
El deseo sexual es una función de "lujo" para el cerebro. Cuando el sistema nervioso está en un estado constante de alerta o agotamiento debido al estrés laboral, la sobrecarga mental, la falta de sueño reparador o el cuidado de otros (síndrome del cuidador), el cuerpo prioriza recursos para funciones básicas de supervivencia. No hay energía bioquímica ni espacio mental para el placer. La fatiga no solo física, sino emocional, apaga el sistema de recompensa del cerebro, haciendo que la idea de la intimidad se sienta como una tarea más en una interminable lista de pendientes, en lugar de un espacio de disfrute y conexión.
- Dolor o malestar físico no comunicado
La intimidad no puede florecer donde hay dolor, miedo a sentir dolor o incomodidad física constante. Condiciones como la endometriosis, el vaginismo, la sequedad vaginal (atrofia vulvovaginal), dolores musculares crónicos o incluso cefaleas frecuentes, crean una asociación negativa en el cerebro que anticipa una experiencia desagradable.
- Conflictos emocionales no resueltos en la pareja
El deseo íntimo es profundamente vulnerable y requiere un terreno de seguridad emocional. Los resentimientos acumulados, la falta de comunicación afectiva, las discusiones recurrentes sin resolver o la sensación de distanciamiento actúan como un poderoso inhibidor. La intimidad física es difícil de conciliar con la sensación de estar herido, no visto o no apreciado por la pareja. La cama se convierte entonces en un escenario donde se representan los conflictos del día, y el cuerpo rechaza exponerse en un espacio que ya no percibe como seguro o conectado emocionalmente.
- Efectos secundarios de medicamentos o condiciones de salud
La química del deseo es delicada y puede verse alterada por factores fisiológicos directos. Numerosos medicamentos comunes, como antidepresivos (ISRS), antihipertensivos, antihistamínicos o anticonceptivos hormonales, tienen como efecto secundario documentado la disminución de la libido. Asimismo, condiciones médicas como el hipotiroidismo, la depresión, la ansiedad o los desequilibrios hormonales (como los de la perimenopausia) afectan directamente los niveles de energía, la producción de hormonas sexuales y los neurotransmisores asociados al placer, como la dopamina y la serotonina.
- Presión de rendimiento y pérdida de la espontaneidad
Paradójicamente, el intento forzado de "tener ganas" o cumplir con una frecuencia sexual percibida como normal es una de las mayores barreras. Cuando la intimidad se convierte en una obligación o en un campo de evaluación ("¿lo estaré haciendo bien?"), desaparece la chispa del placer espontáneo y lúdico. La autoobservación constante, el miedo al fracaso o la presión por satisfacer al otro generan ansiedad de desempeño, que es el antídoto perfecto para el deseo. La conexión se reemplaza por un guion a seguir, eliminando la curiosidad y la naturalidad que la alimentan.
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