INNOVACIÓN EN SALUD

Acceso e innovación en salud: el reto de cerrar la brecha

La inteligencia artificial también abre nuevas posibilidades para hacer más eficientes los servicios de salud, desde la automatización de procesos hasta una mejor integración de datos clínicos

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Hablar de acceso en salud hoy implica ir más allá de la infraestructura o la cobertura; también significa preguntarnos qué tan oportuno, continuo y efectivo es el cuidado que reciben las personas a lo largo de su vida. En México, las enfermedades del corazón se mantienen como la principal causa de muerte; el cáncer y los padecimientos neurológicos, como las demencias, muestran una tendencia al alza asociada al envejecimiento de la población y a factores de riesgo acumulados.

A nivel global, la Organización Mundial de la Salud estima que las enfermedades no transmisibles representan cerca del 74% de las muertes, con un impacto creciente en economías emergentes.

Las implicaciones de estas enfermedades también alcanzan la sostenibilidad financiera de los sistemas de salud. En México, el cáncer implicó un gasto superior a 24 mil millones de pesos en 2022, equivalente al 0.09% del PIB nacional. A nivel global, las enfermedades cardiovasculares generan pérdidas económicas estimadas en más de un billón de dólares anuales, mientras que la OMS proyecta que los casos de demencia podrían casi triplicarse hacia 2050. Frente a este panorama, fortalecer la capacidad de respuesta de los sistemas de salud se vuelve una prioridad cada vez más urgente.

En este escenario, el acceso debe entenderse como una combinación de calidad, oportunidad y capacidad de respuesta. La innovación se vuelve entonces una herramienta para cerrar brechas, no desde la lógica de incorporar tecnología por sí misma, sino como un medio para mejorar la forma en que se diagnostica, se trata y se da seguimiento a los pacientes. 

En este contexto, herramientas como el análisis de datos, los biomarcadores y la inteligencia artificial están ampliando las posibilidades de diagnóstico, predicción y personalización de tratamientos en áreas como cardiología, neurología y oncología. Su integración en la práctica clínica permite identificar patrones con mayor precisión, anticipar riesgos y apoyar la toma de decisiones médicas a partir de grandes volúmenes de información, contribuyendo tanto a mejores resultados clínicos como a una operación más eficiente de los sistemas de salud.

La inteligencia artificial también abre nuevas posibilidades para hacer más eficientes los servicios de salud, desde la automatización de procesos hasta una mejor integración de datos clínicos. Su adopción puede liberar tiempo para el personal médico y fortalecer la calidad de la atención; sin embargo, su impacto depende de una integración adecuada entre tecnología, procesos y talento humano, acompañada de avances en interoperabilidad, capacitación y continuidad del cuidado.

En los debates recientes sobre inteligencia artificial aplicada a la salud, empieza a tomar fuerza una idea relevante donde su valor, además de radicar en la automatización, también lo está en su capacidad para ampliar el juicio clínico sin sustituirlo. Distintos organismos internacionales han señalado que su adopción requiere marcos éticos, transparencia en el uso de datos y una integración cuidadosa en la práctica médica cotidiana, fortaleciendo la toma de decisiones sin perder de vista la responsabilidad humana.

Frente a este panorama, la conversación sobre innovación en salud adquiere una dimensión distinta; se trata de construir sistemas más resilientes, capaces de adaptarse y responder a las necesidades de una población en transformación. Cerrar la brecha entre acceso e innovación es, en última instancia, uno de los principales retos para los sistemas de salud en los próximos años; un reto que exige colaboración entre actores públicos y privados, una visión de largo plazo y un compromiso sostenido con la generación de valor para las personas.