Hay personas que pasan años sintiéndose cansadas sin encontrar una explicación clara, otras notan que sus zapatos aprietan más al final del día, que se despiertan inflamadas o que su cuerpo ya no responde igual, pero lo atribuyen al estrés, la edad o la falta de descanso.
El problema es que algunas enfermedades avanzan lentamente y con síntomas tan comunes que suelen confundirse con molestias cotidianas, mientras tanto, el cuerpo continúa acumulando daño de forma silenciosa.
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Especialistas advierten que uno de los errores más frecuentes es ignorar señales persistentes porque no provocan dolor intenso y, a diferencia de otros padecimientos que generan síntomas inmediatos, hay enfermedades que pueden permanecer ocultas durante años antes de dar una alerta grave.
Las señales que suelen pasar desapercibidas
Entre los síntomas que más se repiten se encuentran:
- Fatiga constante
- Hinchazón en piernas, manos o rostro
- Cambios en la orina
- Presión arterial elevada
- Náuseas frecuentes
- Falta de apetito
- Calambres musculares
- Picazón persistente
Muchas personas no relacionan estas molestias con un problema serio y buscan ayuda médica hasta que aparecen complicaciones importantes, incluso algunos pacientes descubren el padecimiento después de estudios de rutina o tras acudir al hospital por una descompensación.
Un daño que puede avanzar sin causar dolor
La enfermedad renal crónica es un problema que deteriora lentamente la capacidad del cuerpo para eliminar toxinas y mantener el equilibrio de líquidos y minerales.
Uno de los principales riesgos es que, en etapas tempranas, puede no provocar síntomas claros, pero cuando finalmente aparecen molestias importantes, el daño ya puede encontrarse avanzado.
De acuerdo con Mayo Clinic, los factores que pueden aumentar el riesgo de enfermedad renal crónica son: hipertensión arterial, obesidad, diabetes, tabaquismo y antecedentes familiares.
Además, el uso frecuente de medicamentos sin supervisión médica también puede afectar silenciosamente al organismo con el paso del tiempo.
La detección temprana puede hacer la diferencia
El doctor Edwin Hernández, nefrólogo, recomienda realizar chequeos periódicos, especialmente después de los 40 años o si existen factores de riesgo.
"A partir de los 40 años es recomendable realizar chequeos periódicos de función renal, especialmente si existen factores de riesgo.
Prevenir es siempre más sencillo que tratar", dijo.
Pruebas simples de sangre y orina pueden detectar alteraciones antes de que aparezcan complicaciones severas.
