En la antesala del decreto que alista la presidenta Claudia Sheinbaum para crear el servicio universal de salud, el consenso es claro: la meta es necesaria, pero su cumplimiento no será automático.
Legisladores y actores del sector salud coinciden en que garantizar atención para todos implica mucho más que un anuncio y supone fortalecer hospitales, asegurar el abasto de medicamentos, ampliar la plantilla médica y, sobre todo, contar con una planeación financiera sostenible.
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Datos del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) muestran la dimensión del reto, ya que los niveles de recursos físicos y humanos a nivel nacional se sitúan muy por debajo de los promedios internacionales que establece la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), lo que limita el acceso efectivo a servicios médicos de calidad.
Uno de los indicadores más alarmantes es la disponibilidad de camas para la atención de pacientes. Mientras que la OCDE recomienda un nivel de 4.3 camas censables por cada mil habitantes para 2024, en México el promedio nacional se mantiene en apenas 1.1.
La situación es similar en cuanto a camas totales, donde la brecha es aún más pronunciada: la OCDE reporta un promedio de 4.7 por cada mil personas, mientras que a nivel nacional en México la cifra es de solo 0.7. Esta falta de infraestructura física es un factor clave que influye en los largos tiempos de espera y la percepción de baja calidad en los servicios públicos.
La carencia de recursos humanos es otro pilar que debilita el sistema. Aunque el personal médico ha mostrado un ligero incremento en los últimos años, la diferencia sigue siendo notable: México cuenta con 2.3 médicos por cada mil habitantes, una cifra inferior a los 3.7 recomendados por la OCDE. Respecto al personal de enfermería, mientras el promedio recomendado es de 9.2 enfermeras y enfermeros por cada mil personas, en México apenas se llega a 2.7.
Mientras que, la población sin afiliación al sistema público de salud se duplicó al pasar de 22.2 millones en 2018 a 47.7 millones en 2024, lo que evidencia el retroceso en esta primer dimensión de la cobertura, de acuerdo con datos del CIEP.
La universalidad de la salud en estricto sentido, no se decreta: se construye. Y en ese proceso, el reto será- dicen los que saben- cerrar la brecha entre el derecho en papel y la atención efectiva en la vida diaria de los millones de pacientes.
El nuevo modelo abre una oportunidad para avanzar, pero también obliga a no perder de vista lo esencial: que cada promesa en salud se traduzca en servicios reales, oportunos y de calidad.
Impulsan innovación contra enfermedades cardiometabólicas
El pulso de la innovación farmacéutica en México se está concentrando ahora en un terreno estratégico: el de las enfermedades cardiometabólicas- un conjunto de padecimientos interrelacionados.
En un país donde la diabetes, la hipertensión y la obesidad marcan la agenda de salud pública, la apuesta ya no es solo por nuevas moléculas, sino por combinaciones terapéuticas -dobles y triples- que buscan algo tan complejo como urgente: mejorar los tratamientos de los pacientes.
La apuesta es un ganar-ganar: simplificar esquemas, reducir la carga de pastillas y ofrecer soluciones más integrales que mejoren la calidad de vida del paciente; para el sector público de salud, también puede traducirse en un mejor control de enfermedades crónicas y una vía para optimizar recursos frente a padecimientos de alta prevalencia y alto costo.
En ese contexto, Teva México perfila un año activo: la compañía enfoca parte de su estrategia en el segmento cardiometabólico, sin dejar de lado otras áreas clave, y ya alista un paquete de lanzamientos que se encuentran en proceso de autorización ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).
El calendario es ambicioso: siete lanzamientos previstos en el corto plazo, distribuidos entre el sistema nervioso central, el área cardiometabólica y la alta especialidad. De acuerdo con la propia compañía, las autorizaciones regulatorias avanzan al igual que el diálogo con la autoridad sanitaria.
Pero más allá de ls cantidad de productos, lo relevante es que se trata de medicamentos genéricos, un segmento que ha cobrado fuerza por su accesibilidad y su capacidad de cobertura terapéutica, con la misma eficacia que un medicamento de patente.
La proyección a mediano plazo es de alrededor de 50 lanzamientos en los próximos cinco años, en donde las combinaciones terapéuticas y genéricos responde a una reconfiguración del mercado farmacéutico.
