La pérdida de auditiva se percibe todavía como un problema menor, lo que evita la búsqueda de ayuda profesional. A escala global, la conciencia sobre la salud auditiva sigue siendo limitada, mientras que el número de personas que sufren pérdida de audición continúa en aumento, según reporta la Organización Mundial de la Salud (OMS).
A menudo, la pérdida auditiva se minimiza o se asocia únicamente con el envejecimiento, lo que lleva a que muchas personas no recurran a ayuda profesional. Incluso, numerosos adultos mayores prefieren ignorarla y evitan utilizar auxiliares auditivos.
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La poca educación y conciencia sobre este tema desde edades tempranas, así como la falta de políticas públicas orientadas a la prevención, detección y tratamiento de la pérdida auditiva, figuran entre las principales causas del aumento de este padecimiento entre la población.
Asimismo, existen múltiples creencias erróneas en torno a la pérdida de audición que conviene aclarar para fortalecer la conciencia sobre este problema de salud.
5 Mitos y Realidades
Mito: “Yo escucho bien, el problema es que los demás hablan muy bajo”
Realidad: Cuando una persona comienza a experimentar pérdida auditiva, generalmente no lo percibe de esa manera. En la mayoría de los casos, primero se pierden las frecuencias agudas antes que las graves. Mientras las frecuencias agudas son las que permiten comprender con claridad el habla, las graves aportan principalmente la sensación de volumen. Como resultado, la persona entiende menos, pero suele atribuirlo a que quienes la rodean no vocalizan bien o hablan demasiado bajo.
Mito: “Es algo normal que ocurre en los adultos mayores”
Realidad: Si bien es común que la audición disminuya con la edad, esto no significa que deba ignorarse. Al igual que otras condiciones asociadas al envejecimiento, la pérdida auditiva puede y debe atenderse para preservar la calidad de vida.
Mito: “La pérdida auditiva es solo un daño en los oídos que impide escuchar bien”
Realidad: El impacto de la pérdida auditiva va mucho más allá de la dificultad para escuchar. Esta condición puede tener consecuencias significativas en el ámbito psicosocial y neurológico. Diversos estudios muestran que los adultos con pérdida auditiva presentan mayores niveles de aislamiento y depresión. Además, el riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer u otros tipos de demencia puede duplicarse en quienes presentan pérdidas auditivas leves y multiplicarse hasta cinco veces cuando la pérdida es severa o profunda.
Mito: “Mi pérdida auditiva no es lo suficientemente grave como para utilizar audífonos”
Realidad: Aunque cada persona tiene necesidades auditivas distintas, es difícil determinar la gravedad del problema sin una evaluación especializada. Mediante estudios de diagnóstico adecuados es posible identificar el grado de pérdida auditiva, la parte del sistema auditivo afectada y el beneficio de recibir el tratamiento más adecuado. Solo así se puede tomar una decisión informada.
Mito: “La pérdida de audición es inevitable y no se puede prevenir”
Realidad: Existen distintos tipos de pérdida auditiva. En algunos casos, las causas pueden tratarse médica o quirúrgicamente, y en otros es posible detener o ralentizar el deterioro. Para ello, es fundamental una evaluación especializada en tiempo y forma que determine el origen del problema y el tratamiento adecuado.
Desmentir los mitos sobre la pérdida auditiva contribuye a generar mayor conciencia y a detectarla en etapas tempranas. Con un diagnóstico oportuno y preciso, es posible acceder al tratamiento adecuado para cada paciente, lo que impacta positivamente en su calidad de vida. Asimismo, la realización del tamiz auditivo neonatal resulta fundamental para identificar y atender a tiempo posibles pérdidas auditivas en bebés.
