Una de las preguntas más habituales en el consultorio es saber en qué momento conviene realizar un estudio para evaluar la audición.
Lo llamativo es que no existe un acuerdo unánime entre los especialistas. Una búsqueda rápida en internet muestra recomendaciones dispares: algunos sugieren hacerlo a partir de los 40, otros a los 60 o 65 años, mientras que en otros espacios se señala la aparición de síntomas de pérdida auditiva como el principal criterio para realizar la prueba.
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Frente a este contexto, en el Instituto Mexicano de Otología y Neurotología, S.C. (IMON), organización médica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la salud auditiva con más experiencia en el país, la cual dirijo, decidimos realizar una recomendación formal, creada por nuestro equipo de otorrinolaringólogos, audiólogos, audioprotesistas y terapeutas de lenguaje.
¿Cuándo conviene evaluar la audición? 7 etapas clave y sus motivos
1. Al nacer (Tamiz auditivo neonatal)
Entre dos y tres de cada mil bebés nacen con una pérdida auditiva severa o profunda, una estadística consistente a nivel mundial y confirmada también en México. Lo relevante es que esta condición puede presentarse incluso en recién nacidos sanos y sin antecedentes familiares de sordera.
La detección temprana es clave: los especialistas coinciden en que el tratamiento debe comenzar antes de los tres meses de vida. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda realizar una prueba auditiva a todos los recién nacidos antes del primer mes, preferentemente en las primeras horas de nacidos.
2. Al entrar a primaria
La otitis media serosa es una de las principales causas de disminución auditiva en la infancia, con un pico de incidencia alrededor de los siete años. A esto se suma que existen alteraciones de la audición que no siempre se detectan en el tamiz auditivo neonatal y que pueden manifestarse a esta edad.
Un niño que inicia la primaria con dificultades para escuchar enfrenta mayores obstáculos en su proceso de aprendizaje, lo que refuerza la importancia de una detección oportuna.
3. Ante dificultades en el desarrollo del lenguaje o desempeño escolar
Siempre que un niño muestre retraso en el lenguaje respecto a sus pares, o presente dificultades de atención o bajo rendimiento escolar, es importante evaluar su audición. Esto aplica incluso si no existen señales evidentes de problemas auditivos, ya que algunas alteraciones parciales de la audición son difíciles de detectar sin un estudio especializado.
4. Al concluir la preparatoria
Es poco común que surjan problemas auditivos al finalizar el bachillerato; por lo general, se manifiestan antes. No obstante, cuando se detectan a esta edad, pueden influir significativamente en la elección de carrera o en las decisiones sobre el futuro profesional.
5. A los 45 años
La pérdida auditiva es un proceso natural con la edad, aunque varía entre personas. Suele volverse clínicamente significativa entre los 40 y 50 años. Un análisis de más de 6,000 estudios audiométricos realizados en el Instituto Mexicano de Otología y Neurotología S.C. (IMON), en adultos de 40 a 50 años que acudieron a chequeos generales sin quejarse de problemas auditivos, reveló que entre los 45 y 50 años muchas personas ya presentan resultados por debajo de lo normal en al menos una frecuencia. Por ello, podemos considerar que alrededor de los 45 años comienza a aparecer la pérdida auditiva en la mayoría, aunque aún no sea notorio.
6. A los 60 años
En el mismo estudio, el IMON encontró que entre los 60 y 64 años el promedio de los pacientes presentan una pérdida auditiva clasificada como “media” en, al menos, una frecuencia, lo que indica el momento en que podría ser más relevante intervenir. Además, a partir de esta edad se incrementa de manera significativa el riesgo de demencia en personas con pérdida auditiva.
7. Siempre que exista la menor duda
La atención inmediata ante cualquier disminución de la audición es fundamental. Las pérdidas súbitas tienen un pronóstico mucho mejor si se tratan en las primeras 48 horas. En los niños, la pérdida de audición puede impactar su aprendizaje en pocos meses, y tanto bebés como adultos mayores pueden sufrir consecuencias permanentes si no se atiende a tiempo una pérdida o disminución auditiva.
