La música tiene el poder de mover nuestras emociones, pero también de activar nuestro cerebro de maneras que aún estamos descubriendo. Durante años se ha pensado que la música clásica, por su complejidad, era la más beneficiosa para la mente. Sin embargo, la ciencia está comenzando a derribar este mito con hallazgos sorprendentes.
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Un estudio realizado por investigadores del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria en Tenerife, publicado en la revista Neuroscience, comparó la actividad cerebral generada por diferentes estilos musicales: reguetón, música clásica, folclórica y electrónica.
Para sorpresa de los científicos, fue el reguetón el que ganó la "competencia", activando más partes del cerebro que los otros géneros. "No es tan malo", señala la neurocientífica Manuela del Caño, aunque advierte: "la letra no la voy a defender de ninguna manera, pero la música sí".
Ritmo predecible, cerebro activo
La clave está en la predictibilidad. Según la neurocientífica Manuela del Caño, "el cerebro ha evolucionado para predecir, porque así se puede preparar para lo que venga". El reguetón, con su patrón rítmico constante y repetitivo, permite al cerebro anticipar lo que viene después. En cambio, la música clásica, con sus constantes cambios de tonalidad y ritmo, es más difícil de predecir, y "cuando el cerebro ve que no puede predecir lo que viene después, se desconecta".
El estudio de resonancia magnética funcional demostró que el reguetón activaba con más fuerza las regiones auditivas (las que procesan el sonido) y las motoras (las que controlan el movimiento).
Lo que más llamó la atención de los investigadores fue la activación de los ganglios basales, una zona profunda y primitiva del cerebro que modula la postura, inicia y finaliza los movimientos, y está involucrada en el sistema de recompensa o placer.
Una puerta abierta para el Parkinson
Este hallazgo tiene implicaciones muy prometedoras. Los ganglios basales son precisamente las estructuras que se degeneran en la enfermedad de Parkinson, causando alteraciones en el movimiento. "Tener una música que estimule específicamente esas regiones podría ser interesante de cara a terapias de movimiento o para intentar fomentar una mejor estimulación que podría frenar la degeneración de algunas enfermedades", explicó la neurocientífica Manuela del Caño.
El reguetón, por su ritmo constante y marcado, parece generar un "pulso interno" que prepara al cerebro para el movimiento, facilitando la sincronización con el compás de la canción. Este efecto se conoce como entrenamiento auditivo-motor y podría ser una herramienta complementaria en la rehabilitación de pacientes con Parkinson, ayudando a mejorar su marcha y coordinación. La música, en definitiva, no solo se siente, también sana.
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