Para Verónica Martínez Alcántara, Erick Xiles y su pequeño hijo Emmanuel, la vida cotidiana es un ejercicio constante de adaptación y estrategias compartidas. Esta familia mexicana no sólo comparte el lazo sanguíneo, sino también una condición neurológica que define su forma de procesar el mundo: los tres viven con el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).
“Somos una familia completamente diferente. Sin embargo, hemos podido llevar nuestra vida de forma muy funcional y nos ha servido el tomar la ayuda”, enfatiza Verónica.
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Los retos que enfrentan como familia neurodivergente son diarios; desde el olvido recurrente de fechas importantes como aniversarios o cumpleaños, hasta la dificultad para mantener la concentración en conversaciones largas o tareas domésticas simples. Para ellos, la dispersión no es falta de interés, sino una característica de su funcionamiento cerebral que les exige vivir "en alerta" constante para que el engranaje del hogar no se detenga.
De acuerdo con el doctor Edilberto Peña León, especialista en neuropsiquiatría, el TDAH es una alteración en el funcionamiento del lóbulo prefrontal izquierdo, la zona encargada de la atención, el análisis, la secuenciación y la ejecución de tareas. Esta condición surge por un déficit en la comunicación noradrenérgica, el neurotransmisor responsable de estas funciones cognitivas.
Es fundamental visibilizar que el TDAH no es una "moda" de redes sociales, sino una condición clínica que afecta entre el 4.5% y el 6% de la población mundial, explica el especialista. En este contexto, cada 13 de julio se conmemora el Día Internacional del TDAH, una fecha clave para concientizar sobre la importancia del diagnóstico oportuno y derribar los mitos que aún rodean a la neurodiversidad.
Tres historias, un mismo diagnóstico
El camino hacia el diagnóstico comenzó con Emmanuel, quien a los 6 años empezó a mostrar señales de dispersión en la escuela. La maestra reportaba que platicaba mucho y no lograba terminar sus actividades escolares. Tras realizarle pruebas que descartaron inmadurez neuronal, los especialistas confirmaron que tiene TDAH de tipo leve.
Este hallazgo fue la pieza de dominó que faltaba para sus padres. Erick, de 31 años, ya había sido diagnosticado de manera fortuita seis años antes, tras una charla con una colega psicóloga que identificó en él rasgos claros de neurodivergencia, lo cual fue confirmado posteriormente por un neurólogo.
En su caso, el TDAH ya le había causado múltiples problemas en el trabajo, pues debido a su neurodivergencia puede realizar actividades de alta complejidad sin mayor problema, pero realizar otras tareas simples pueden representar una gran dificultad.
Erick enfatiza que recibir el diagnóstico fue “un hallazgo increíble” que le permitió comprenderse más y darse cuenta que no estaba mal, sino que su cerebro actúa distinto. Fue así que se acercó a su jefe para explicarle su condición. En la empresa recibió apoyo, empatía y sensibilidad.
“Tengo la fortuna de que mis jefes son muy abiertos en estos temas y comprensivos. Ellos se daban cuenta, me dijeron: ´sí es que haces análisis muy sencillos y muy fáciles en forma matemática, pero cuando te digo que reserves la sala para la junta, se te olvida´”, relata.
Finalmente, Verónica, de 27 años, descubrió su propia condición a raíz del proceso de su hijo. Al analizar los síntomas de Emmanuel, se dio cuenta de que ella también operaba bajo los mismos esquemas de inatención.
El TDAH no afecta igual a hombres que a mujeres
El doctor Peña León explica que los síntomas del TDAH pueden manifestarse de forma distinta según el género y la edad. En los hombres, es más común observar impulsividad e hiperactividad. En cambio, en las mujeres, predomina la inatención y la "disejecución", que consiste en iniciar muchas tareas al mismo tiempo pero tener serias dificultades para concretarlas.
Como le ocurre a Verónica, quien explica que sus rasgos de TDAH son distintos a los de su esposo y su hijo, y que además ella se mantiene más atenta y organizada para que todo salga bien en su hogar. “Yo trato de estar como un poquito más alerta sobre las cosas que pasan dentro de la convivencia del hogar, precisamente por mi rol, y es algo que me ha ayudado bastante.
“Siempre me programo para poder llevar a cabo mis actividades. Si no estoy siempre alerta de que tengo que hacer esto, tengo que hacer lo otro, si no trabajo bajo presión como que no funcionó. No funcionó, de verdad, o sea, se me pueden olvidar muchísimas cosas, se me pueden pasar muchísimas cosas”, relata.
Históricamente, las mujeres han sido diagnosticadas más tarde porque suelen compensar sus síntomas debido a roles psicosociales, como el "multitasking" o la presión social por mantener el orden, lo que oculta la lucha interna que viven. Además, el doctor señala que, aunque se nace con predisposición, el TDAH puede detonarse en la adultez debido a factores estresantes, traumas o trastornos de ansiedad.
El peso del estigma y las etiquetas del pasado
Antes de entender su neurodivergencia, Verónica y Erick vivieron una infancia marcada por la incomprensión. En una época donde no se hablaba de TDAH, ambos eran señalados como "burros", "flojos" o "malportados" por sus maestros y familiares debido a sus bajas calificaciones y falta de atención en clase.
Para Erick, recibir el diagnóstico como adulto fue una "revelación impresionante" que le permitió entender que no era "tonto" ni "lento", sino que su cerebro simplemente procesaba la información de manera diferente. Este pasado de etiquetas negativas es lo que hoy motiva a la pareja a ofrecerle a Emmanuel un entorno distinto, basado en el conocimiento y no en el castigo.
"No, si yo me hubiera dado cuenta desde joven, si mis papás, si el sistema educativo hubiera estado preparado para saber ese tipo de situaciones, pues hubiera ahorrado un montón de cosas, ¿no?”, señala Erick.
El tratamiento: Más allá de los fármacos
Un mito común es que el diagnóstico de TDAH conduce inevitablemente a la medicación. Sin embargo, el doctor Peña León aclara que no todos los casos requieren fármacos. Existen múltiples herramientas como:
- Reentrenamientos cognitivos y terapias específicas.
- Uso de aplicaciones y dispositivos tecnológicos que ayudan a la organización.
- Técnicas de estimulación con pulsos eléctricos o magnéticos inocuos.
- Evaluaciones precisas mediante herramientas como el test "Moxo", una prueba computarizada de 27 minutos que ayuda a mapear el déficit de atención de forma objetiva.
Una vida funcional en familia
A pesar de los retos, Verónica y Erick aseguran que los tres llevan una vida plenamente funcional. Verónica utiliza alarmas y una programación estricta para gestionar el hogar, mientras que Erick ha aprendido técnicas de autorregulación que le permiten destacar en su trabajo, especialmente en áreas como las matemáticas, donde su cerebro neurodivergente encuentra facilidad.
Lo más importante para ellos es el apoyo que le brindan a Emmanuel, quien actualmente asiste a terapia sensorial y cognitivo-conductual.
"Estamos cortando patrones", afirma Verónica, pues al identificar la condición de su hijo a temprana edad, le están dando las herramientas que ellos nunca tuvieron para navegar el mundo sin necesidad de cargar con el estigma de la incomprensión. Su mensaje para otras familias es claro: "No están solos"; el TDAH, con el tratamiento y la red de apoyo correcta, no es un límite, sino una forma distinta y funcional de vivir.
