La industria de dispositivos médicos atraviesa una etapa de expansión en México: el país ha desarrollado una capacidad de manufactura que lo coloca como uno de los principales productores y exportadores de tecnología médica, pero también enfrenta otro desafío: aprovechar esa infraestructura para acelerar la llegada de nuevas soluciones a los pacientes.
El avance se refleja en las operaciones de compañías internacionales como Medtronic; la empresa cuenta con cuatro plantas en México y alrededor de uno de cada siete de sus más de 110 mil empleados a nivel global trabaja en el país.
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"México es uno de los principales exportadores de tecnología médica del mundo, con altos niveles de calidad, con mucho conocimiento en la mano de obra", señaló Héctor Orellana, vicepresidente de Medtronic para el Norte de Latinoamérica en el podcast Líderes de la Salud, de Sumédico.
Desde las plantas mexicanas salen dispositivos para distintos mercados y entre ellos se encuentran productos utilizados en ventilación mecánica, cuya importancia quedó de manifiesto durante la pandemia de COVID19, además de dispositivos de alta especialización para terapias cardiovasculares.
La producción también muestra hasta qué punto se ha especializado la industria y al respecto, Héctor Orellana explicó que algunas de las válvulas cardiacas que se fabrican en México tienen cerca de 600 puntos de sutura manual, un proceso que combina tecnología con trabajo especializado.
"Hay muchas especialidades, gran parte de los consumibles para ventilación mecánica, los tubos y todo esto que se requiere para la ventilación que fue muy sonado durante el proceso de COVID, pues se fabrica aquí en México y se exporta para el mundo", dijo.
Menos invasión, más tecnología
Mientras la manufactura gana terreno, los dispositivos médicos también atraviesan una transformación. La tendencia apunta hacia equipos más pequeños y procedimientos que permitan reducir las intervenciones, las complicaciones y los tiempos de recuperación.
En cardiología, por ejemplo, existen marcapasos que pueden colocarse mediante un procedimiento por vía femoral y quedar alojados directamente dentro del corazón. El dispositivo Micra, explicó Orellana, busca atender incluso a pacientes que no son candidatos a un marcapasos convencional.
La misma evolución aparece en los procedimientos para reemplazar válvulas cardiacas, pues en determinados casos, una intervención que antes requería cirugía a corazón abierto puede realizarse mediante una técnica mínimamente invasiva.
La cirugía robótica forma parte de esta transformación y su objetivo, aclaró el directivo, no es sustituir al cirujano, sino ampliar sus capacidades durante una intervención.
“El robot no te va a operar. Te va a operar un médico que va a potenciar sus capacidades a través del uso de la tecnología robótica”, explicó.
La tecnología también avanza en el campo de la neuromodulación, con dispositivos que pueden utilizarse para el manejo del dolor, Parkinson y otros padecimientos.
Para la industria, el beneficio de estas herramientas no se limita al procedimiento médico. Una intervención menos invasiva puede modificar el tiempo que un paciente permanece hospitalizado y la velocidad con la que recupera su independencia.
"¿Cómo podemos recolocar todas esas inversiones que se tienen que hacer en salud para poder pagar una tecnología y que tenga todos los beneficios colaterales?", planteó Orellana.
La pregunta adquiere relevancia en sistemas de salud que enfrentan restricciones presupuestales, es así que el costo de una tecnología, desde esta perspectiva, tendría que compararse también con los gastos derivados de una hospitalización prolongada, la recuperación y la necesidad de que un familiar cuide al paciente.
Una recuperación más rápida también tiene un impacto económico para las familias y para las instituciones, sobre todo cuando permite que una persona vuelva antes a sus actividades.
"Una persona que está en la seguridad social percibe un salario durante el tiempo que está en recuperación, pero si acortas ese tiempo, el beneficio está en que la dependencia de ese paciente es menor, es más rápida su recuperación y necesita estar menos tiempo en casa", dijo.
La innovación va más rápido que su adopción
La siguiente frontera para la industria está en tecnologías que combinan dispositivos médicos e inteligencia artificial. Héctor Orellana habló de sistemas que pueden analizar en tiempo real las imágenes obtenidas durante una colonoscopía y señalar al médico posibles lesiones.
La tecnología todavía no está disponible en México en este caso, pero muestra hacia dónde se dirige el sector: herramientas capaces de apoyar al especialista, acelerar la detección de lesiones y reducir tiempos en las etapas posteriores del diagnóstico.
El problema es que la innovación no siempre avanza al mismo ritmo que su incorporación al sistema de salud.
México cuenta con un marco regulatorio para los dispositivos médicos, pero las empresas también enfrentan los tiempos derivados de la carga de trabajo de las autoridades. Orellana reconoció que la situación de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) forma parte de los factores que pueden retrasar la llegada de nuevas tecnologías.
“Nosotros no estamos exentos de la problemática que ha tenido, o del exceso de trabajo que hoy la principal autoridad regulatoria, que es la Cofepris, está enfrentando”, afirmó.
Para una empresa con presencia en más de 70 áreas terapéuticas, la dimensión regulatoria es considerable, pero incluso después de obtener una autorización queda otro paso: que los médicos tengan las habilidades para utilizar las nuevas herramientas.
Medtronic estima que su equipo capacita cada año a entre mil 800 y 2 mil médicos en distintas tecnologías. Los programas pueden incluir entrenamiento especializado y prácticas en laboratorios para que los profesionales desarrollen las habilidades necesarias.
La capacitación se ha convertido así en una parte central de la incorporación de tecnología médica y la velocidad con la que aparecen nuevos dispositivos obliga a los especialistas a actualizarse de manera constante, mientras las instituciones deben adaptar sus procesos para aprovecharlos.
El sector también busca que la discusión sobre innovación deje de centrarse únicamente en cuánto cuesta adquirir un dispositivo, la apuesta está en medir qué sucede después con el paciente: cuánto tiempo permanece hospitalizado, cuándo puede volver a sus actividades y qué nivel de dependencia tendrá durante su recuperación.
"Los pacientes hay, lo que necesitamos hacer es lograr que tengan acceso a las tecnologías y que eso les permita tener mucho mejor calidad de vida", sostuvo Orellana.
