El cáncer de próstata no avisó. No hubo sangre, ni dolor, ni esa señal inequívoca que obliga a soltar todo y correr al médico. José David Linares, un hombre de 68 años que vive en Ensenada, Baja California, se enteró de que tenía tumores malignos en la próstata porque un día, mientras se hacía sus estudios de rutina para la artritis, vio que el examen de antígeno prostático estaba en descuento y decidió aprovecharlo. "Nunca tuvo síntomas. Fue un balde de agua fría", relata su hija Jacky, quien desde entonces se ha convertido en su voz y su sostén.
Esa decisión fortuita —un descuento, una corazonada— probablemente le salvó la vida. Pero lo que vino después fue un año de quimioterapias, radiaciones y una cuenta de gastos médicos que ya supera los 100 mil pesos, en un sistema de salud pública que, según describe su hija, "los dejó solos frente al abismo".
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La historia de los Linares no es una excepción: en México, el cáncer de próstata ocupa el primer lugar de incidencia en hombres, con 41.3 casos por cada 100 mil habitantes, y una tasa de mortalidad de 11.4 por cada 100 mil, según datos de Globocan. Sin embargo, el tabú masculino y la falta de campañas masivas de detección siguen cobrando factura en silencio.
Un tratamiento que es una carrera de obstáculos
La batalla de José David no se libra solo contra los tumores. Cada mañana toma pastillas de quimioterapia, su único escudo mientras los médicos deciden que no puede operarse. Cada tres meses le insertan implantes de quimioterapia concentrada alrededor del ombligo, un procedimiento doloroso que deja su piel marcada. Y hasta hace un mes, viajaba cada semana de Ensenada a Mexicali —cuatro horas de carretera— para recibir radiaciones.
"El hospital no nos dio alojamiento. Tuvimos que pagar mil pesos por noche en hotel, más transporte y comida", cuenta Jacky. A su padre todavía le queda medio año de tratamiento, en el que también empezará a recibir radioterapias. Por su edad ya no trabaja, y en Baja California, denuncia su hija, hay un desabasto muy grande de medicamentos por parte del sistema de salud.
La familia ha abierto una página en Go Found Me para poder costear lo que el Estado no cubre. Los tumores están en la parte baja de la próstata, pero los médicos han decidido no operar: la cirugía lo obligaría a usar una sonda de por vida y, a su edad, no es lo más recomendable.
El cáncer de próstata está apareciendo en hombres más jóvenes
El Dr. Salvador Iván Víctor Ramos, oncólogo médico especialista en cáncer de próstata y miembro del Centro Oncológico Internacional, explica que el panorama está cambiando de forma preocupante.
"Históricamente esperaríamos que los cánceres de próstata empezaran a partir de los 60 años, pero actualmente una tercera parte de mi población tiene entre 50 y 60 años", advierte. El ritmo de vida, la alimentación y el sedentarismo están adelantando el reloj biológico de una enfermedad que puede ser curada si se detecta a tiempo.
"En general, todos los cánceres detectados en etapas tempranas se curan", sentencia el especialista. "No es ese tabú de creer: 'tengo cáncer y me voy a morir'. Hay muchísimos tumores malignos que con una adecuada detección temprana tienen una intención completamente curativa". Para lograrlo, la recomendación es clara: a partir de los 40 años, todos los hombres deben realizarse anualmente un antígeno prostático en sangre y una exploración rectal digital. No basta con uno solo; deben ser ambos.
¿Por qué los hombres se resisten a ir al médico?
El doctor Victor Ramos no esquiva la pregunta incómoda. "Existe un tabú cultural donde la figura masculina, al ser el soporte financiero y sentimental de la familia, no se quiere ver vulnerable ante los que le rodean", explica. "Guarda silencio. Sabe que hay un problema con la forma en que está orinando, pero no quiere molestar a su familia. Cree que debe dar el papel del pilar y no preocupar a los demás".
Esa resistencia cultural tiene consecuencias médicas graves. Los síntomas del cáncer de próstata, cuando aparecen, suelen llevar dos o tres años instalados: goteo después de orinar, disminución del calibre y la fuerza del chorro, interrupción repentina de la micción con sensación de no haber terminado. En etapas más avanzadas, dolor pélvico que puede irradiarse a los genitales o traducirse en un dolor lumbar persistente. "Nosotros como hombres nos aguantamos mucho las molestias", reconoce el oncólogo. Y lanza un mensaje que resume su filosofía: "La masculinidad también es cuidarse".
El cáncer de próstata es el más común en hombres mexicanos
Los datos de Globocan indican que el cáncer de próstata es el de mayor incidencia en hombres mexicanos. La mortalidad, 11.4 casos por cada 100 mil habitantes, es en buena parte evitable con tamizaje oportuno. Pero sin campañas masivas, sin información accesible y sin una red de salud que responda, el diagnóstico sigue llegando tarde para demasiadas personas.
En México se detectan más de 25 mil nuevos casos al año, 7 de cada 10 pacientes llegan al hospital en etapas avanzadas y más de 7 mil 500 hombres fallecen anualmente por esta causa.
El diagnóstico no es el final
A los hombres que hoy enfrentan un diagnóstico de cáncer de próstata, el Dr. Victor Ramos les envía un mensaje sin concesiones al desaliento. "Con el diagnóstico no se acaba. Si se detecta en etapas tempranas, la intención es completamente curativa. Y si un paciente está luchando con un cáncer en etapa cuatro, con metástasis, tampoco es el fin. Hay tratamientos de primera línea que otorgan largas supervivencias. Los pacientes pueden vivir años con la enfermedad controlada".
Jacky Linares, mientras tanto, sigue batallando desde Ensenada. A su padre aún le queda medio año de tratamiento. No hay certezas, pero hay una hija que no se rinde.
"Cuidarnos también es cosa de hombres", repite el doctor como un mantra generacional. "Entre más nos cuidemos como caballeros, somos mucho más hombres". La historia de José David empezó con un descuento fortuito. La de millones de mexicanos aún puede empezar con una decisión a tiempo.
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