CÁNCER

Ser mamá es la oportunidad de descubrir tu máxima capacidad, aún en la lucha contra el cáncer

Alejandra Colín tiene cáncer etapa 4, pero no ha dejado de sonreír ni de enseñarle a sus cuatro hijos —y al mundo— que la vida se vive un día a la vez, saboreando el café y mirando a los ojos

Alejandra Colín abrió su corazón a SuMédico
Alejandra Colín abrió su corazón a SuMédicoCréditos: Especial
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Diagnosticada con cáncer metastásico, Alejandra Colín es una madre soltera todoterreno de cuatro hijos que cambió la prisa por la pausa, el miedo por la gratitud y la queja por la risa. Su mensaje para este 10 de mayo es para todas las madres: "Que bajen el teléfono cinco minutos y se reúnan con su gente querida".

Alejandra tiene 43 años y una cualidad que la precede: hace reír a todos incluso cuando el cuerpo le duele. Es maestra de inglés en Cancún, mamá soltera de cuatro hijos varones y, desde hace unas semanas, una mujer que vive con cáncer en etapa 4. Pero si alguien espera escucharla quejarse, se equivoca. 

"Si no puedes correr, camina; si no puedes caminar, ve más despacio, pero el objetivo es llegar a la meta", dice con una convicción que desarma.

Recibió el diagnóstico después de una lesión en el hueso que la obligó a detenerse. Y es que su vida era un torbellino: se levantaba a las cuatro de la mañana, preparaba loncheras, calificaba exámenes, corría a la escuela, pagaba servicios, planchaba ropa.

Hoy, mientras espera los resultados de una biopsia de hígado que definirá su tratamiento oncológico, su rutina es otra. Pasa 24/7 en casa, se dedica a la introspección, estudia remedios naturales y, sobre todo, ha aprendido algo que el cáncer le enseñó: "Disfrutar un día a la vez, ver a la gente a los ojos y bajar un poquito el teléfono". Esta conversación, pensada para el Día de las Madres, es un abrazo para todas las mujeres que, como ella, han entendido que el amor no necesita grandezas: necesita presencia.

"Ser mamá es la grandeza más infinita"

Alejandra es clara cuando se le pregunta qué significa para ella la maternidad. "Es la oportunidad de descubrir tu máxima capacidad", responde sin titubear. Tiene cuatro hijos, todos varones, todos en etapas distintas, y una certeza: ellos son "esos motores que te impulsan a dar la milla extra". Pero también hay algo más profundo, una gratitud que no se ensaya: "Recibir ese amor incondicional de ellos es una bendición, una maravilla".

No es una declaración ingenua. Alejandra es mamá soltera por "diferentes cuestiones", como ella dice con cuidado, y durante años ha sacado la familia adelante de la mano de Dios, su gran sostén. 

Del ramo automotriz a los seguros, de recepcionista a maestra, la vida la fue llevando hasta la docencia: "una carga muy noble que me permite estar un poquito más tiempo con mis hijos". Porque al final, para ella, el éxito no está en el sueldo sino en los segundos robados al reloj para verlos crecer.

Alejandra ha hecho todo por sus hijos. (Foto: Especial)

El golpe que llegó en silencio

El cáncer no avisó. Llegó como llegan las tormentas en el Caribe: de golpe. Cuando el médico le informó que la lesión ya estaba muy débil y que cualquier movimiento en falso podía fracturarle un hueso, Alejandra sintió el piso moverse. "Y pues en cualquier momento nos vamos porque ya lo dice el doc", explica sin drama. Esa conciencia de la fragilidad le cambió la mirada.

Hoy, mientras espera los resultados de la biopsia de hígado —en Cancún la salud pública no corre como en la Ciudad de México—, su tratamiento es casero: plantas medicinales, kalanchoe, guanábana, hoja de guayaba. "Y sobre todo, mucho vacío y tratar de estar en paz", añade. Sabe que lo más probable sea quimioterapia, porque el cáncer ya está metastásico, disperso en el cuerpo. Pero no se adelanta. "Ahorita es el disfrutar un día a la vez", repite como un mantra.

"Mis hijos solo tienen a su mamá"

El Día de las Madres, este 10 de mayo, es una fecha que antes pasaba de largo entre loncheras y planeaciones. Ahora tiene otro peso. "Pues seguir batallando", dice con una honestidad que duele y reconforta. Porque Alejandra, en el silencio de la noche, ha pensado lo que ninguna madre debería pensar: "Oye, mis hijos solo tienen a su mamá, ¿no?".

No es una queja. Es una verdad. Y esa verdad es la que la levanta cada mañana, incluso cuando el cuerpo pesa y el miedo acecha. Por eso sonríe. Por eso pelea. Porque, aunque la vida le haya puesto esta prueba, ella sigue siendo esa mujer que iluminaba el salón de clases con sus ocurrencias. "Soy muy creyente de que Dios siempre está con nosotros", afirma. Y esa fe, más que cualquier medicina, le da el aire para seguir.

"Hasta los 10 pesos los agradezco y los valoro"

La campaña de donación en GoFundMe ha sido una sorpresa para ella. Ver que personas que no conoce depositan 50, 70, incluso 10 pesos en su cuenta le parte el corazón —pero para bien. "No hay palabras suficientes para agradecer la generosidad de su corazón", dice con la voz entrecortada. Y añade algo que resume su filosofía de vida: "Cada vez que veo un depósito de una persona que no conozco, es Dios manifestándose. Es Dios diciendo: 'Échale ganas, ahí seguimos'".

El mensaje para todas las madres (y para todos)

Si Alejandra pudiera pedirle algo a quienes lean esta nota, no sería dinero. Sería algo más simple y más difícil a la vez: "Que sean felices. Que bajen el teléfono cinco o diez minutos y se reúnan con su gente querida". Porque, como ella ha aprendido a las malas —y a las buenas—, "no solamente el cáncer te arrebata la vida. Vas cruzando la calle, te resbalas en tu casa, te pegas. Mil cosas pasan".

Su lucha no es solo por sobrevivir. Es por recordarnos que estamos vivos. "Que aprovechemos el hoy", insiste. "Que saboreen el café, que no coman en automático, que se tomen un minuto para oler las flores en el camino". Y, sobre todo, que no se duerman. "Todos tenemos esa luz incansable", dice. "No la dejen apagar".

Y lanza un último mensaje, directo al corazón de cada mamá que esté pasando por algo similar: "Que no se den por vencidas. Siempre va a haber una persona, muchas veces la que menos esperan, que se acerca. Una semillita que dejas puede impactar la vida de alguien más".

Alejandra es una mamá que no se rinde. (Foto: Especial)

Este 10 de mayo, Alejandra no pedirá flores ni regalos. Pedirá tiempo. Pedirá que la miren a los ojos. Pedirá, sobre todo, que no la lloren, sino que la imiten. Porque ella, con cáncer y todo, sigue sonriendo. Y eso, en sí mismo, es su mayor lección de maternidad.

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