Adolfo Hitler es uno de los personajes más oscuros de la historia, ya que fue el líder nazi que inició la Segunda Guerra Mundial y que causó el genocidio de millones de judíos durante el Holocausto. A lo largo de su vida, y especialmente durante el declive del Tercer Reich, el dictador alemán presentó un cuadro clínico que combinaba anomalías físicas congénitas, trastornos degenerativos y síndromes mentales que fueron objeto de estudio por décadas.
Padecimientos físicos: La monorquidia y el Parkinson
De acuerdo con el libro “En el poder y en la enfermedad”, de David Owen, uno de los datos más persistentes sobre la fisiología de Hitler es que tenía de monorquidia, es decir, tenía un solo testículo. Esta condición física fue confirmada tras la Segunda Guerra, en una autopsia realizada por los soviéticos a su cadáver quemado. Aunque su médico personal, Theodor Morell, le administraba inyecciones de testículo de toro, se determinó que Hitler no tenía de una deficiencia de testosterona.
Te podría interesar
A nivel degenerativo, a partir de agosto de 1941, Hitler comenzó a mostrar síntomas de la enfermedad de Parkinson, un trastorno del movimiento del sistema nervioso que empeora con el tiempo. Los primeros signos fueron un temblor apenas perceptible en la mano izquierda y un titubeo al hablar observados en 1943, seguidos por un temblor conspicuo en la pierna izquierda en 1944.
El Parkinson puede provocar rigidez muscular, disminución de los movimientos automáticos (como parpadear o sonreír) y cambios en el habla, que se vuelve monótona o apática. Además, Hitler tenía de insomnio crónico y una hipocondría persistente que afectaba su calidad de vida y nivel de energía.
El laberinto mental: Neurosis y el Síndrome de Hybris
Desde un punto de vista psiquiátrico, Hitler ha sido descrito como un "neurótico psicópata" que carecía de inhibiciones adecuadas. La neurosis se caracteriza por una dificultad para gestionar emociones y una tendencia a experimentar estados de ánimo negativos como ira, ansiedad y culpabilidad de forma frecuente. En 1943, informes de la inteligencia estadounidense diagnosticaron en él rasgos de histeria, paranoia y esquizofrenia, además de una profunda "sifilofobia" o miedo a la contaminación de la sangre.
Hacia finales de 1941, Hitler desarrolló lo que se conoce como Síndrome de Hybris, una alteración psicológica asociada al poder excesivo. Este síndrome se manifiesta a través de una arrogancia desmedida, una confianza exagerada en sí mismo y un desprecio hacia las opiniones ajenas, lo que conduce a comportamientos impulsivos e imprudentes. El dictador llegó a un punto en el que sus juicios y percepciones eran lo único que contaba, volviéndose impermeable a la realidad militar y política.
Decadencia final y abuso de sustancias
La salud mental de Hitler se deterioró drásticamente tras el atentado de julio de 1944, cuando una explosión le rompió los tímpanos y perturbó su sentido del equilibrio, exacerbando su paranoia. En sus últimos meses, el dictador recurrió al uso habitual de cocaína en altas concentraciones y a una mezcla estrafalaria de medicamentos prescritos por Morell, que incluían anfetaminas, cafeína y estricnina.
A pesar de estos padecimientos, los historiadores señalan que Hitler siguió siendo responsable de sus decisiones hasta el final, cuando optó por cometer suicidio en su búnker de Berlín en 1945, un acto que suele estar vinculado a factores de estrés extremo y trastornos de salud mental.
Enfermedad y Poder es una serie especial de Sumédico.com, de publicación no periódica, que aborda los padecimientos de figuras políticas en México y el mundo, con el objetivo de describir el estado de salud de personajes públicos, la manera en que se informa y su impacto en la vida política y en la opinión pública
