Cuando se habla de enfermedades del hígado, el alcohol suele ser el principal señalado; sin embargo, especialistas advierten que este órgano puede dañarse incluso en personas que no beben, debido a hábitos cotidianos que se han vuelto comunes en la vida diaria.
El cirujano hepático Gareth Morris-Stiff señaló que el hígado enfrenta una carga cada vez mayor por la alimentación actual, la exposición a sustancias químicas y el uso frecuente de medicamentos y suplementos y consideró que estos factores representan una amenaza creciente para uno de los órganos más importantes del cuerpo.
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El hígado realiza más de 500 funciones esenciales para el organismo y entre ellas destacan la eliminación de toxinas, la producción de bilis para la digestión de las grasas, el almacenamiento de vitaminas y minerales, la regulación de la glucosa en sangre y el metabolismo de grasas, proteínas, hormonas y medicamentos. Debido a ello, cuando comienza a deteriorarse, múltiples sistemas del cuerpo pueden verse afectados.
Lo más preocupante es que muchas enfermedades hepáticas progresan de manera silenciosa y en la mayoría de los casos no generan molestias durante años, por lo que el daño suele detectarse cuando ya existe inflamación importante, fibrosis o incluso cirrosis.
Hábitos que pueden poner en riesgo tu hígado
- 1. Consumir alimentos ultraprocesados: para Morris-Stiff, este es actualmente uno de los mayores enemigos del hígado. Los alimentos ultraprocesados contienen una larga lista de ingredientes industriales, como conservadores, colorantes, saborizantes, emulsionantes, estabilizantes y aceites hidrogenados, además de grandes cantidades de azúcares, grasas saturadas y sodio. El especialista advirtió que el hígado debe metabolizar todos estos compuestos, lo que provoca un esfuerzo constante que, con el paso de los años, puede favorecer la acumulación de grasa y el desarrollo de enfermedad hepática metabólica, antes conocida como hígado graso no alcohólico.
- 2. Beber refrescos “light” y productos con edulcorantes: aunque suelen promocionarse como una alternativa saludable, las bebidas dietéticas tampoco son completamente inocuas. Morris-Stiff explicó que el hígado no procesa los edulcorantes artificiales de la misma forma que la glucosa, por lo que debe activar mecanismos distintos para metabolizarlos.
- 3. Consumir demasiada fructosa: la fructosa presente en refrescos, jugos industrializados, bebidas energéticas, dulces y otros alimentos procesados constituye otro riesgo importante. Cuando el organismo recibe grandes cantidades de este azúcar, el hígado la convierte en grasa para almacenarla, favoreciendo la aparición del hígado graso.
- 4. Estar expuesto diariamente a microplásticos y sustancias químicas: el especialista también llamó la atención sobre contaminantes que forman parte de la vida cotidiana.
- Los microplásticos, los ftalatos y el bisfenol A (BPA), presentes en envases de alimentos, botellas, utensilios de plástico, cosméticos y productos de higiene personal, pueden acumularse en el organismo porque el cuerpo no logra eliminarlos con facilidad.
- 5. Automedicarse: el hígado es el principal encargado de metabolizar prácticamente todos los medicamentos que consume una persona.
- Por ello, automedicarse o exceder las dosis recomendadas puede ocasionar lesiones hepáticas potencialmente graves.
- Morris-Stiff recordó que incluso medicamentos de uso frecuente, como el paracetamol, pueden resultar peligrosos si se toman en cantidades elevadas, durante periodos prolongados o combinados con otros fármacos.
- 6. Consumir suplementos sin supervisión médica: el auge del llamado biohacking ha incrementado el consumo de vitaminas, extractos vegetales y suplementos con la promesa de mejorar la salud o retrasar el envejecimiento.
- Sin embargo, el especialista advirtió que productos como la vitamina A en dosis altas, el cannabidiol (CBD) y la ashwagandha pueden generar toxicidad hepática o interactuar con medicamentos convencionales.
- 7. No prestar atención a la menopausia: las mujeres experimentan un aumento del riesgo de enfermedad hepática después de la menopausia.
- La disminución de los estrógenos favorece cambios metabólicos que incrementan la acumulación de grasa en el hígado y la aparición de fibrosis. Por ello, Morris-Stiff recomendó realizar evaluaciones preventivas, como el FibroScan, entre los 40 y 50 años, especialmente si existen factores de riesgo como obesidad, diabetes o colesterol elevado.
- 8. Vivir en ambientes con humedad y moho: la humedad persistente dentro de las viviendas también puede afectar la salud. Las esporas producidas por el moho pueden ingresar al organismo y, en personas con sistemas inmunológicos debilitados, desencadenar procesos inflamatorios que afectan diversos órganos, incluido el hígado.
- 9. Pensar que solo el alcohol enferma el hígado: actualmente, miles de personas desarrollan enfermedades hepáticas asociadas a la mala alimentación, la obesidad, la diabetes, el sedentarismo y la exposición continua a sustancias químicas, aun cuando nunca consuman alcohol. Incluso, la enfermedad hepática metabólica se ha convertido en una de las principales causas de cirrosis y de trasplante de hígado en distintos países.
Un órgano que puede enfermar durante años sin dar señales
Los especialistas insisten en que el hígado tiene una gran capacidad de regeneración, pero también puede sufrir daños durante mucho tiempo sin producir síntomas.
Cuando aparecen señales como fatiga persistente, dolor o pesadez en la parte superior derecha del abdomen, pérdida del apetito, hinchazón, color amarillo en la piel o los ojos (ictericia), orina oscura o inflamación de piernas y abdomen, el daño suele encontrarse en una etapa avanzada.
