Cuando les preguntan cuál de sus hijos es su favorito, la mayoría de los padres suelen responder que los quieren a todos por igual. Sin embargo, la ciencia sugiere otra cosa. A lo largo de los años, las investigaciones han demostrado que muchos padres tienen cierta inclinación por uno de sus hijos.
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Quizá ese sutil favoritismo no signifique que amen más a uno que al otro, pero sí puede reflejar diferencias en la forma en que se relacionan con cada uno de sus hijos.
Preferencia o personalidad: la verdad sobre los hijos favoritos
De acuerdo con la psiquiatra Tracy Asamoah en Psychology Today, la pregunta no es si los padres tienen o no un hijo favorito, sino por qué lo tienen. La respuesta está en la dinámica entre personalidades: los padres suelen conectar más con los hijos cuya personalidad resuena con la suya.
Este favoritismo no es necesariamente consciente ni basado en el amor, sino en afinidades personales. Algunos padres pueden preferir la compañía de un hijo porque tienen intereses similares, mientras que otro hijo puede recordarles a alguien con quien tuvieron una relación difícil en el pasado, lo que influye en su interacción.
La percepción del favoritismo y sus consecuencias
Incluso cuando los padres intentan tratar a todos sus hijos de manera equitativa, los niños pueden percibir favoritismo dentro de la familia. Esta percepción, real o no, puede generar conflictos, sentimientos de tristeza y hasta problemas de autoestima.
Si un niño o niña cree que su hermano o hermana recibe más atención o afecto, podría desarrollar resentimiento o comportamientos problemáticos para captar la atención de sus padres.
¿Cómo abordar el favoritismo de manera saludable?
Aceptar que se puede tener una inclinación por uno de los hijos no significa que los padres sean injustos o menos cariñosos con los demás. La clave está en la reflexión y en el esfuerzo consciente por equilibrar la relación con cada hijo. Algunas estrategias incluyen:
- Reconocer patrones personales. Identificar cómo las experiencias del pasado pueden influir en la relación con cada hijo.
- Fomentar la equidad emocional. No se trata de dividir el tiempo de forma exacta, sino de asegurarse de que cada hijo reciba la atención y el afecto que necesita.
- Adaptarse a la dinámica cambiante. La conexión con cada hijo puede cambiar con el tiempo, y es importante ser flexible y comprensivo con estos cambios.
- Crear momentos significativos con cada hijo. Buscar actividades individuales que fortalezcan el vínculo con cada uno de manera especial.
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En lugar de sentir culpa o negación, los padres pueden usar esta reflexión para mejorar la relación con todos sus hijos. Es importante comprender sus propios sentimientos y la forma en que afectan la crianza, pues esto les permitirá construir un ambiente familiar más sano y equilibrado. Al final del día, más allá de las diferencias, el objetivo es que cada uno se sienta amado y valorado en su individualidad.
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