La compra consolidada de insumos para la salud volvió a fallar. Pero, el verdadero problema ya no es solo administrativo ni sectorial. Lo que hoy exhibe el desempeño de Birmex es una ruptura profunda entre la operación real del Estado y los objetivos estratégicos establecidos en el Plan Nacional de Desarrollo, así como una ceguera institucional frente a los riesgos que el desabasto sanitario representa para la seguridad nacional.
El Plan Nacional de Desarrollo es claro: el Estado mexicano se comprometió a construir un sistema de salud universal, garantizar el acceso efectivo a medicamentos y fortalecer las capacidades públicas para proteger a la población frente a riesgos sistémicos. Nada de eso es viable si el propio Estado no puede ejecutar correctamente su política de compras. Sin abasto continuo, el PND se queda en un documento declarativo; sin medicamentos, la planeación estratégica pierde sentido.
Birmex volvió a entregar un proceso incompleto: claves desiertas (más del 50% sin contratar), adjudicaciones parciales y una dependencia creciente de compras de emergencia. No es un accidente. Es la consecuencia directa de procedimientos mal diseñados, mala gobernanza y una institución rebasada por la responsabilidad que se le asignó.
¿Cómo iniciará la cadena de suministro en el 2026? Entre firmas de contrato forzadas por el fin de año, la cadena de suministro nuevamente entra en la administración en crisis: importación de materias primas y productos terminados de emergencia, permisos de importación a quemaropa, aranceles a los insumos para la salud escandalosos, y para darle la pincelada a un cuadro dantesco una deuda pública del IMSS-Bienestar a sus proveedores; digna de una película de terror.
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¿Seguirá la administración pública emitiendo órdenes de suministro en días no hábiles para seguir probando la resistencia de los proveedores? Un escenario empiezan a normalizar donde la alta de planeación en la generación de pedidos es una dinámica cotidiana, sábado en la noche o domingo, mejor aún mientras el trineo vuela cerca de la megafarmacia, aparecerán en los portales de los proveedores cientos de pedidos con menos de diez días de entrega; la creatividad para provocar incumplimientos es digna de novela para el IMSS-Bienestar.
Aquí está el punto crítico: mientras el PND reconoce a la salud como un eje del desarrollo y de estabilidad en el país, en la práctica el desabasto se administra como si fuera un problema secundario. El fracaso se normaliza, la improvisación se justifica y la compra pública se convierte en un ejercicio de contención, no de solución.
Desde la lógica de la seguridad nacional, el problema es aún más grave. Un sistema de salud sin medicamentos es un sistema vulnerable. Un Estado incapaz de garantizar insumos básicos expone a la población, debilita la confianza institucional y amplifica cualquier crisis: epidemias, contingencias sanitarias, conflictos sociales y pérdida de gobernabilidad.
En cualquier análisis serio de riesgos estratégicos, el desabasto sostenido de medicamentos debería estar identificado como una amenaza estructural. No solo afecta la salud individual, sino la estabilidad social y la capacidad de respuesta del Estado. Sin embargo, el desempeño de Birmex sugiere que este riesgo no está siendo tratado como parte del sistema de seguridad nacional, sino como un problema administrativo más.
La contradicción es evidente: mientras el Plan Nacional de Desarrollo habla de planeación, prevención y resiliencia institucional, la operación cotidiana de la compra consolidada produce incertidumbre, fragmentación y vulnerabilidad. Mientras se promete un Estado fuerte, se tolera una institución que falla de manera reiterada en una función crítica.
Lo más alarmante es que este fracaso no genera consecuencias.
No hay rediseño institucional. No hay responsabilidades claras. No hay correcciones de fondo. Hay comunicados optimistas y narrativas de avance que chocan con la realidad hospitalaria. En términos de seguridad nacional, esperar a que un riesgo se materialice para actuar es una irresponsabilidad.
La compra de insumos para la salud no es logística secundaria: es infraestructura estratégica del Estado. Fallar ahí no es solo comprar mal; es debilitar al país desde dentro.
Si Birmex no puede alinear su operación con los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo y con una visión mínima de seguridad nacional sanitaria, el problema no es técnico ni ideológico. Es estructural. Y persistir en ese esquema implica aceptar que el Estado identifica los riesgos, pero no actúa sobre ellos.
Por eso Birmex ya no es solo la historia sin fin de una compra que nunca funciona. Es el símbolo de una brecha peligrosa entre lo que el país planea y lo que realmente es capaz de ejecutar.
Y cuando esa brecha se mantiene en un sector tan sensible como la salud, el problema deja de ser administrativo.
Se convierte, sin rodeos, en un riesgo para la seguridad nacional
