El cáncer cervicouterino puede comenzar con algo que muchas veces pasa inadvertido: una infección por el virus del papiloma humano (VPH), y aunque la mayoría de las infecciones no llega a convertirse en cáncer, cuando determinados tipos del virus permanecen durante años pueden producir cambios en las células del cuello uterino y abrir el camino hacia la enfermedad.
Ahí es donde la vacunación adquiere un papel central, de ahí que la vacuna contra el VPH permite prevenir infecciones por los tipos del virus que pueden causar cáncer y es una de las principales herramientas para reducir, a largo plazo, la incidencia del cáncer cervicouterino.
Te podría interesar
En México se diagnostican alrededor de 10 mil nuevos casos de cáncer cervicouterino cada año y cerca de 99% están asociados con una infección persistente por VPH, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Cancerología (INCan).
La prevención, sin embargo, no termina con una vacuna, pues la detección oportuna y el tratamiento de las lesiones precancerosas son indispensables para evitar que una infección persistente avance hasta convertirse en cáncer.
La vacuna, antes de que el virus tenga oportunidad de avanzar
El VPH puede transmitirse por contacto sexual y afectar tanto a mujeres como a hombres y en muchas personas desaparece por sí sola porque el sistema inmunitario consigue controlarla.
El problema aparece cuando ciertos tipos de alto riesgo permanecen en el organismo durante años y esa persistencia puede provocar alteraciones en las células del cuello uterino. Algunas lesiones pueden desaparecer, mientras que otras progresan y, con el tiempo, pueden convertirse en cáncer.
Por eso, uno de los momentos más importantes para recibir la vacuna es antes de la exposición al virus. La estrategia de vacunación forma parte de los esfuerzos internacionales para reducir las infecciones por VPH y avanzar hacia la eliminación del cáncer cervicouterino como problema de salud pública.
La Organización Mundial de la Salud plantea como meta que 90% de las niñas estén vacunadas antes de los 15 años, además de ampliar la detección y garantizar el tratamiento de las lesiones precancerosas y del cáncer.
México avanza hacia la meta de vacunación
En los últimos años, México ha reforzado la vacunación contra el VPH; entre septiembre de 2025 y el 15 de julio de 2026 se aplicaron 1 millón 950 mil 119 dosis a niñas y niños de quinto grado y población de 11 años no escolarizada, de acuerdo con las cifras oficiales proporcionadas para este periodo.
El esquema también contempla a personas de 11 a 49 años que viven con VIH y a adolescentes que se encuentran en protocolos de atención por violencia sexual.
Es importante tener en cuenta que una mujer vacunada también debe realizarse las pruebas de detección que correspondan de acuerdo con su edad y antecedentes. La protección funciona como parte de una estrategia que incluye vacunación, detección y tratamiento oportuno.
El VPH puede estar ahí sin que nadie lo note
Uno de los mayores problemas del virus es que puede permanecer sin síntomas. De acuerdo con información de Mayo Clinic, cuando el cáncer cervicouterino ya está presente, algunas señales de alerta pueden ser sangrado después de las relaciones sexuales, sangrado entre periodos, menstruaciones más abundantes o prolongadas, flujo vaginal acuoso o con sangre, dolor pélvico o dolor durante las relaciones sexuales. Pero en las etapas iniciales puede no haber ninguna señal.
El VPH también puede afectar a los hombres. Sin embargo, durante años se ha asociado principalmente con las mujeres y con el cáncer cervicouterino.
El INCan atiende alrededor de 400 nuevos casos de cáncer cervicouterino cada año, además de pacientes que requieren seguimiento después del tratamiento o que presentan recurrencia.
Dependiendo de la etapa, las pacientes pueden requerir radioterapia, braquiterapia, quimioterapia o combinaciones de tratamientos.
El cáncer cervicouterino no tendría que llegar al cáncer
La vacuna es una pieza clave, pero no la única. La vacunación antes de la exposición al virus, las pruebas de detección, el seguimiento de resultados anormales y el tratamiento de las lesiones precancerosas forman una cadena que puede interrumpir la evolución hacia el cáncer.
La vacuna puede evitar una infección por determinados tipos de VPH y la detección puede encontrar cambios antes de que sean cáncer. Y cuando la enfermedad ya aparece, los avances en cirugía, radioterapia, inmunoterapia y terapias dirigidas ofrecen más alternativas.
