Las enfermedades cardiovasculares se mantienen como la principal causa de muerte en el mundo, y el infarto agudo de miocardio- conocido como ataque al corazón- es una de sus manifestaciones más graves y se produce cuando se interrumpe el flujo de sangre hacia el músculo cardíaco, provocando daño irreversible si no se atiende de forma inmediata.
Aunque suele presentarse de manera súbita, especialistas señalan que en algunos casos el organismo puede emitir señales de advertencia días o incluso hasta un mes antes del evento.
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De acuerdo con información difundida por el medio Mirror, estos signos previos pueden ser inespecíficos y fácilmente atribuidos al estrés, el cansancio o problemas cotidianos, lo que retrasa su identificación.
El riesgo de sufrir un infarto aumenta en personas con factores como tabaquismo, hipertensión arterial, diabetes, colesterol elevado, obesidad, sedentarismo y una dieta alta en grasas, condiciones que favorecen el daño progresivo de las arterias.
Señales que pueden confundirse
De acuerdo con Mayo Clinic, la causa más frecuente del infarto es la enfermedad de las arterias coronarias, en la que la acumulación de grasa y colesterol forma placas que pueden romperse y generar coágulos que bloquean el flujo sanguíneo al corazón.
En algunos casos, los síntomas no se presentan de forma típicamente, pues esto ocurre con mayor frecuencia en mujeres, adultos mayores y personas con diabetes, quienes pueden experimentar dolor en cuello, mandíbula o espalda, náuseas, vómito, mareos, sudoración fría o sensación de indigestión o acidez estomacal, además de malestar general.
Debido a que estas manifestaciones pueden confundirse con otros padecimientos, especialistas recomiendan prestar atención a cualquier cambio inusual en el estado de salud, especialmente si aparece de forma repentina o persistente.
Ante la sospecha de un infarto, la recomendación médica es buscar atención de emergencia de inmediato, ya que la rapidez en la intervención es clave para reducir el daño cardíaco y aumentar las probabilidades de supervivencia.
Los especialistas destacan que la prevención depende en gran medida de mantener hábitos saludables, controlar enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión, evitar el consumo de tabaco, moderar el alcohol, realizar actividad física regular y mantener una alimentación equilibrada.
