A los 12 años, un bulto en el pie cambió la vida de Izan, porque lo que parecía una molestia menor (un bulto en el pie) terminó por convertirse en un diagnóstico devastador: cáncer.
Hoy, con 16 años, el joven que vive en un pueblo cercano a Barcelona lleva cuatro años luchando con un cáncer de hueso llamado sarcoma de Ewing, una enfermedad poco común y agresiva que se origina en los huesos.
“Hola, soy Izan, tengo 16 años y llevo 4 años luchando con un cáncer de hueso”, cuenta en su testimonio. Su historia comenzó con estudios médicos en el hospital Sant Joan de Déu, donde confirmaron el diagnóstico. A partir de ahí inició un tratamiento intensivo de quimioterapia, cirugía y radioterapia durante nueve meses y al término de ese proceso, recibió una noticia alentadora: el cáncer había desaparecido. Pero la esperanza duró poco.
En su testimonio cuenta que, apenas tres meses después, en una revisión de control, los médicos detectaron que la enfermedad persistía y peor aún, ya se había extendido a otras partes del cuerpo. "Vieron que no me había curado del todo y que ahora estaba en varios sitios”. Ahí fue entonces cuando llegó el golpe más duro: el cáncer ya no tenía cura.
“Cuando me dijeron que ya no tenía cura empezamos en un ensayo clínico”. Desde entonces, Izan ha pasado por distintos tratamientos experimentales; primero, una terapia en forma de pastilla que logró contener la enfermedad durante dos años, después, otro ensayo clínico que funcionó durante un año más. Sin embargo, ambos dejaron de ser efectivos.
Actualmente, el joven se somete a quimioterapia mientras espera nuevos resultados médicos que definirán el siguiente paso en su tratamiento. “El día 15 harán pruebas y nos dirán si seguimos con esa quimio o qué va a pasar conmigo”.
Pero lejos de centrarse en el miedo o en el rechazo, Izan decidió compartir su historia: “No quiero dar pena, lo único que quiero es que el mundo vea que aunque la vida sea jodida hay que echarle huevos...si no me he rendido en 4 años, no me voy a rendir ahora, estoy con un cáncer terminal y estoy con una sonrisa”.
Sarcoma de Ewing: un cáncer agresivo que golpea a jóvenes
El sarcoma de Ewing es un tipo de cáncer que se desarrolla principalmente en los huesos o en los tejidos blandos cercanos y afecta con mayor frecuencia a niños y adolescentes, y suele aparecer en zonas como las piernas, la pelvis o el tórax, de acuerdo con Mayo Clinic.
Se trata de un tumor agresivo: representa entre el 10% y el 15% de los sarcomas óseos y, en muchos casos, puede diseminarse a otras partes del cuerpo, especialmente a los pulmones y otros huesos y sus síntomas iniciales suelen incluir dolor óseo, inflamación o la aparición de un bulto, como ocurrió en el caso de Izan.
A veces, el sarcoma de Ewing ocasiona síntomas que afectan a todo el cuerpo. Entre ellos se pueden incluir:
- Fiebre
- Pérdida involuntaria de peso
- Cansancio
Aunque en las últimas décadas los tratamientos han mejorado de forma significativa- con tasas de supervivencia superiores al 70% en enfermedad localizada-, el panorama cambia cuando el cáncer reaparece o se vuelve metastásico y en esos casos, las opciones terapéuticas son limitadas y la supervivencia disminuye considerablemente, de acuerdo con el National Center for Biotechnology Information.
El tratamiento suele combinar quimioterapia, cirugía y radioterapia, además de ensayos clínicos en etapas avanzadas; sin embargo, estos procedimientos pueden generar efectos secundarios a largo plazo, lo que obliga a un seguimiento médico constante incluso años después.
El origen del sarcoma de Ewing no está completamente claro, pero se asocia a alteraciones genéticas específicas que provocan un crecimiento descontrolado de células tumorales y desafortunadamente no existe una forma de prevenirlo.
En el contexto de la enfermedad metastásica difusa, la resección quirúrgica del tumor primario puede ser difícil de justificar. Sin embargo, esto puede ser razonable para la paliación o en los casos en que la carga de la enfermedad metastásica es limitada.
