Si alguna vez has notado pequeños granitos blancos o amarillentos, similares a granos de arroz, distribuidos en tus párpados, debajo de tus ojos o en tus mejillas, es probable que no se trate de acné, sino de milia. Estos quistes subcutáneos de mínimas dimensiones son una condición dermatológica frecuente que, si bien es inofensiva, genera dudas sobre su origen y la forma correcta de eliminarlos.
A diferencia del acné, que suele tener un origen hormonal e inflamatorio, la milia surge cuando las células muertas de la piel o la queratina (una proteína presente en la piel y el cabello) quedan atrapadas debajo de la superficie cutánea. Al no poder salir, estas células se endurecen y forman pequeños quistes con apariencia de "perla".
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Existen varios factores que pueden desencadenar estos granitos blancos alrededor de los ojos:
- Falta de exfoliación natural: La piel no logra desprender las células viejas para dar paso a las nuevas, provocando el bloqueo.
- Daño solar: La exposición al sol puede volver la piel más áspera y curtida, dificultando que las células muertas salgan a la superficie.
- Lesiones y medicamentos: Ampollas, quemaduras o el uso prolongado de ciertos fármacos, como los corticosteroides, pueden favorecer su aparición.
- Estilo de vida: El uso de maquillaje a base de aceite, productos que obstruyen los poros, la falta de sueño o una higiene inadecuada también son factores de riesgo.
¿Quiénes pueden tener milia?
Aunque es sumamente común en los recién nacidos, la milia puede manifestarse en personas de todas las edades. En los bebés suele desaparecer por sí sola en pocas semanas, pero en los adultos puede volverse persistente.
¿Cómo eliminarlos?
Los especialistas advierten que nunca se debe intentar apretar o "exprimir" la estos granitos blancos, ya que esto no eliminará el quiste y puede causar cicatrices o daños permanentes en la piel.
Para la milia que aparece específicamente alrededor de los ojos o en los párpados, el tratamiento debe ser realizado exclusivamente por un dermatólogo u oftalmólogo. Los métodos clínicos más efectivos incluyen:
- Extracción quirúrgica: Un procedimiento sencillo que no requiere puntos de sutura.
- Ablación láser o crioterapia: Uso de tecnología láser o frío extremo para eliminar las lesiones.
- Peelings químicos: Procedimientos que ayudan a renovar las capas de la piel.
- Diatermia: Terapia de calor para tratar los quistes.
Para prevenir su reaparición, los expertos recomiendan mantener una rutina de limpieza diaria, exfoliar la piel de dos a tres veces por semana y utilizar protector solar con un SPF mínimo de 30 todos los días.
