A partir de los 30 años, nuestro cuerpo comienza un declive muscular silencioso pero constante: perdemos entre 3% y 8% de masa muscular por década, proceso que se acelera drásticamente después de los 60. Esta pérdida, conocida como sarcopenia, compromete no solo la fuerza física sino también la movilidad e independencia en la tercera edad. Si bien siempre se ha sabido que el ejercicio ayuda a mitigar este proceso, hasta ahora la ciencia no entendía completamente los mecanismos moleculares detrás de este beneficio protector.
Una investigación publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha encontrado por fin este misterio biológico. Científicos del Duke-NUS Medical School en Singapur descubrieron que el ejercicio actúa directamente sobre un factor de transcripción llamado DEAF1, que se vuelve hiperactivo con la edad y desencadena el deterioro muscular. Este hallazgo no solo explica cómo funciona la protección ejercida por la actividad física, sino que abre puertas a nuevas estrategias para un envejecimiento saludable.
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¿Qué encontró la investigación?
Los investigadores identificaron a DEAF1 como el regulador central que conecta el envejecimiento con la pérdida de capacidad regenerativa muscular. "A medida que envejecemos, nuestras células musculares pierden lentamente su capacidad de eliminar proteínas dañadas y repararse", explica el profesor Tang Hong-Wen, autor principal del estudio. "Descubrimos que DEAF1 se vuelve más activa en el músculo envejecido e impulsa a otro sistema, mTOR, a una sobreestimulación".
Este desequilibrio molecular hace que las células musculares se enfoquen excesivamente en producir nuevo material mientras descuidan el mantenimiento y la reparación del existente. La ingeniera genética Sebnem Unluisler, del Instituto Regenerativo de Londres (no involucrada en el estudio), lo describe así: "El envejecimiento desplaza la regulación de las proteínas musculares, de la reparación a la acumulación, lo cual es un factor clave del deterioro muscular". El resultado es un tejido más frágil y menos resiliente.
Nunca es tarde para empezar a hacer ejercicio
Uno de los hallazgos más esperanzadores es que la vía protectora FOXO-DEAF1 puede activarse incluso en músculos significativamente envejecidos. "Nunca es demasiado tarde para beneficiarse del ejercicio", enfatiza Tang. "Incluso en músculos más viejos, esta vía protectora aún puede activarse". Este mensaje es crucial considerando que muchos adultos abandonan la actividad física bajo la creencia errónea de que los beneficios disminuyen con la edad.
La investigación demuestra que el envejecimiento muscular saludable no se trata únicamente de preservar volumen, sino de mantener la capacidad intrínseca de reparación celular. Incorporar actividad física regular a cualquier edad —iniciando gradualmente y adaptándose a las capacidades individuales— puede significar la diferencia entre una vejez con movilidad e independencia, y una marcada por limitaciones progresivas.
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