Imagina llevar un trabajo adicional, sin sueldo ni reconocimiento, que exige tu atención las 24 horas del día. Esta es la realidad para millones de trabajadores en México que, mientras cumplen con sus labores formales, también libran una batalla constante contra la diabetes.
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Con una cifra contundente que revela que 7 de cada 10 personas que viven con diabetes en el país están en edad laboral, la intersección entre salud y productividad se vuelve un tema urgente. La psicóloga Erika Backhoff, especialista en el tema, nos adentra en los desafíos de esta "doble jornada" y traza una hoja de ruta para que empresas y colaboradores construyan juntos un entorno de trabajo más sano y humano.
La mochila invisible: Autocuidado y estrés laboral
Para una persona con diabetes, la jornada laboral comienza mucho antes de llegar a la oficina. Implica medir la glucosa, planificar cada comida, ajustar medicamentos y, al mismo tiempo, prepararse mentalmente para cumplir con las exigencias de su empleo. Backhoff lo describe como cargar una "mochila invisible" llena de decisiones, emociones y la logística del autocuidado.
"Uno es el trabajo remunerado y el otro es invisible... y necesito trabajar para pagar mi salud", señala. Esta carga se agrava con el estrés laboral, que libera hormonas como el cortisol, las cuales, irónicamente, elevan los niveles de glucosa, creando un círculo vicioso peligroso y desgastante.
Estigma y desgaste: Cuando el entorno laboral enferma (más)
Uno de los mayores obstáculos no es solo la enfermedad en sí, sino la falta de comprensión en el entorno laboral. "Seguimos viendo estigma, discriminación... hay juicios sobre si alguien con diabetes no debería ser contratado o ascender", advierte la especialista. Esta incomprensión, sumada a jornadas extenuantes y la dificultad para mantener horarios de comida y ejercicio, puede conducir al 'burnout' o agotamiento por diabetes. Backhoff alerta que cuando una persona empieza a saltarse comidas, a no medir su glucosa o a faltar a sus citas médicas, son señales de alarma de que la carga se ha vuelto insostenible.
Primeros auxilios psicológicos: Educación y redes de apoyos
Frente a un diagnóstico, el miedo y la incertidumbre pueden ser paralizantes. El primer consejo de Backhoff es contundente: "No están solos". La educación es el pilar fundamental para empoderarse. "No se trata de decirle a todos, pero sí de buscar personas de confianza", explica. Contar a un líder o colega cercano no es una muestra de debilidad, sino una estrategia para crear una red de seguridad. Que alguien sepa identificar los síntomas de una hipoglucemia—temblores, confusión, visión borrosa—y cómo ayudar, puede salvar una vida y reducir significativamente la ansiedad constante.
Inversión, no gasto: El kit básico de la empresa saludable
Transformar la oficina en un espacio seguro no requiere de inversiones millonarias, sino de voluntad y empatía. La psicóloga propone acciones concretas y de bajo costo:
- Flexibilidad: Permitir horarios híbridos y pausas activas para medir la glucosa o comer.
- Espacio seguro: Facilitar un lugar para que los colaboradores tengan a la mano su kit de autocuidado (glucómetro, snacks de acción rápida, medicamentos) y puedan refrigerar su insulina.
- Programas de bienestar: Implementar iniciativas que promuevan la salud física y emocional para todos.
"Esto no es un gasto, es una inversión", subraya Backhoff. Un equipo que se siente cuidado es un equipo con menos ausentismo, más motivación y mayor productividad.
Tecnología y esperanza: Redefiniendo el potencial profesional
Para quienes sienten que la diabetes limita su potencial, Backhoff tiene un mensaje esperanzador: "Su valor profesional no se mide por su diagnóstico". Hoy, la tecnología es un aliado fundamental. Desde monitores continuos de glucosa hasta insulinas más avanzadas, los avances han reducido enormemente la carga de manejar la condición. El camino, concluye, es combinar estas herramientas con una dosis de humanidad, abogando por el acceso al tratamiento y recordando que el bienestar laboral se construye entre todos. La diabetes es parte de la vida, pero no tiene por qué definir el techo profesional de nadie.
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