En la búsqueda de conciliar el sueño, muchas personas recurren al sonido y la luz de la televisión. Esta compañía audiovisual, que promete distracción o relajación, se ha convertido en una rutina nocturna para numerosos hogares. Sin embargo, lo que parece un inocente ayudante para dormir podría ser el principal enemigo de un descanso reparador.
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Lejos de ser un aliado, este hábito moderno altera profundamente la arquitectura natural del sueño. Nuestro cerebro, incluso dormido, sigue procesando estímulos del entorno, y la exposición constante a la luz artificial y al sonido intermitente desencadena una serie de reacciones fisiológicas adversas. Lo que comienza como un ruido de fondo para "no sentirse solo" puede terminar pasando una factura alta a la salud física y mental.
Los efectos a la salud de dormir con la televisión de fondo
La pantalla de tu televisor emite una potente luz de espectro azul. Esta luz es particularmente dañina por la noche porque suprime la producción de melatonina, la hormona clave que le indica a tu cuerpo que es hora de dormir y que regula tu ritmo circadiano (tu reloj biológico interno). Tu cerebro interpreta esta luz como si fuera luz diurna, por lo que se mantiene en un estado de alerta y retrasa la fase de sueño profundo. El resultado es que, aunque logres dormirte, la calidad de ese sueño será pobre y poco reparador, dejándote con sensación de cansancio al día siguiente.
Una investigación publicada en la revista JAMA Internal Medicine asoció la exposición a la luz artificial durante el sueño con un mayor riesgo de obesidad en mujeres. El estudio halló que dormir con una televisión o una luz encendida en la habitación se relacionaba con un aumento de peso.
Fragmentación del sueño: el enemigo silencioso del descanso
El sonido constante de la televisión, aunque bajo o conocido, es un estímulo auditivo que tu cerebro debe procesar. Los cambios de volumen durante los comerciales, los estallidos de risa de una comedia o la tensión de una película de acción causan microdespertares. Estos son breves momentos en los que tu cerebro sale del estado de sueño profundo (sueño de ondas lentas) o del sueño REM (crucial para la memoria y el estado de ánimo) para evaluar el ruido. Aunque no llegues a despertarte por completo, este proceso fragmenta el ciclo natural del sueño, impidiendo que completes las etapas más restauradoras. Al día siguiente, tu cuerpo y mente no se habrán recuperado adecuadamente.
Impacto en la salud a largo plazo: más allá del cansancio
Los efectos de dormir mal de manera crónica van mucho más allá de las ojeras. La alteración del ritmo circadiano y la mala calidad del sueño se han vinculado en numerosos estudios a problemas de salud graves. Entre ellos se encuentran un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiometabólicas como diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas, deterioro de la función cognitiva (memoria y concentración), un sistema inmunológico debilitado y un mayor riesgo de sufrir ansiedad y depresión. Dormir con la televisión encendida, por tanto, no es un mal hábito aislado, sino un factor de riesgo que puede minar tu salud de forma progresiva.
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