ABRAZOS

La importancia de los abrazos para la oxitocina y la salud mental

Dr. Peña: la forma más barata, accesible y natural de estimular la oxitocina no está en una farmacia, sino en la vida cotidiana, en el contacto físico seguro y las conversaciones significativas

Abrazar es una buena excusa para recordar que cuidar nuestra salud mental también implica cuidar nuestros vínculos, destaca el doctor Peña.
Los beneficios del contacto físico.Abrazar es una buena excusa para recordar que cuidar nuestra salud mental también implica cuidar nuestros vínculos, destaca el doctor Peña.Créditos: Canva
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En el cerebro humano hay moléculas que hacen mucho más que regular funciones biológicas: también construyen vínculos, identidad y sentido de pertenencia. Una de las más fascinantes es la oxitocina, conocida popularmente como “la hormona del abrazo”, aunque su papel va mucho más allá del afecto romántico o la ternura momentánea.

Desde el inicio de la vida, la oxitocina es clave en la cognición social. Se libera de forma intensa durante el embarazo, el parto y la lactancia, facilitando el vínculo madre-hijo. Este primer lazo no sólo garantiza la supervivencia del recién nacido; también moldea circuitos cerebrales relacionados con la confianza, el reconocimiento emocional y la capacidad de relacionarnos con otros. En términos simples, la oxitocina ayuda a que el cerebro aprenda que el mundo puede ser un lugar seguro cuando hay otro ser humano disponible.

A nivel bioquímico, la oxitocina actúa en regiones cerebrales como la amígdala, el hipotálamo y la corteza prefrontal, modulando la percepción de amenazas, la empatía y la interpretación de las señales sociales. Por eso, niveles adecuados de esta hormona se asocian con mayor cooperación, sensación de pertenencia y regulación emocional. Cuando estos sistemas fallan —como ocurre en algunos cuadros de depresión, ansiedad o aislamiento social crónico— el mundo se percibe más hostil y solitario.

En los últimos años, la ciencia ha comenzado a explorar la oxitocina como posible herramienta terapéutica. Existen investigaciones en curso que evalúan su uso intranasal como coadyuvante en depresión, ansiedad y trastornos relacionados con el estrés social. Los resultados aún son preliminares y no sustituyen los tratamientos establecidos, pero apuntan a algo importante: la salud mental no depende sólo de neurotransmisores clásicos como la serotonina o la dopamina, sino también de las moléculas que regulan nuestros vínculos.

Sin embargo, hay un dato que vale la pena subrayar: la forma más barata, accesible y natural de estimular la oxitocina no está en una farmacia. Está en la vida cotidiana. El contacto físico seguro —como los abrazos—, las conversaciones significativas, el sentirse escuchado y pertenecer a un grupo incrementan de manera natural su liberación. En una época marcada por la hiperconectividad digital y la soledad emocional, este dato no es menor.

Abrazar es una buena excusa para recordar que cuidar nuestra salud mental también implica cuidar nuestros vínculos. Abrazar, acompañar y estar presentes no es un gesto cursi ni superficial: es una intervención neurobiológica real. A veces, el cerebro no necesita más pantallas, más pastillas o más ruido, sino algo tan humano —y tan poderoso— como un abrazo a tiempo.