TESTIMONIO MÉDICO

Me obligaron a renunciar a la residencia médica por tener VIH

Walter Orlando Herrera Santoyo, médico y ex residente de neurocirugía, denuncia que fue víctima de acoso y hostigamiento por su condición de VIH y su orientación sexual, y que las autoridades del hospital lo obligaron a firmar su renuncia

Walter Orlando Herrera Santoyo contó su testimonio a SuMédico
Walter Orlando Herrera Santoyo contó su testimonio a SuMédico Créditos: (Foto: Especial)
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En el mundo de la medicina, donde se espera que los profesionales estén a la vanguardia del conocimiento científico, las historias de discriminación por condiciones de salud deberían ser cosa del pasado. Pero no lo son. Walter Orlando Herrera Santoyo, médico y ex residente de neurocirugía en el Centro Médico Licenciado Adolfo López Mateos de Toluca, vivió en carne propia cómo el prejuicio puede más que la evidencia científica, y cómo las propias autoridades médicas pueden convertirse en cómplices del acoso.

En entrevista con SuMédico, Walter relató los hechos que marcaron su vida profesional y personal. En 2022, tras informar a las autoridades del hospital sobre su condición de VIH y su tratamiento, todo cambió. Lo que inicialmente pareció ser un acto de transparencia se convirtió en el detonante de una pesadilla que terminó con su salida forzada de la residencia y una batalla legal que lleva cuatro años sin resolverse.

"Eres un peligro para los pacientes"

Cuando Walter entregó su certificado médico donde se especificaba su estatus de VIH y que se encontraba en tratamiento, las autoridades de enseñanza y el jefe de curso aseguraron no haberlo leído. Fue hasta que él lo expresó verbalmente que tomaron cartas en el asunto. Al principio, le dijeron que no había problema, que podía continuar. Pero al día siguiente, la postura cambió drásticamente.

El entonces jefe de curso, Miguel Vaca, lo llamó para decirle que lo mejor era que renunciara. El argumento fue escalofriante: "Eres un peligro para los pacientes". La orden, según le informaron, venía directamente del director del hospital, Héctor Izquierdo: Walter no debía tocar a los pacientes hasta nuevo aviso. Le explicaron que, si los pacientes se enteraban de su condición, podían demandar al hospital. "Me dijeron que no querían ir a la cárcel por mi culpa", recuerda Walter con amargura.

Acoso y hostigamiento: El ambiente que lo obligó a irse

Al negarse a renunciar, comenzó una campaña sistemática de acoso y hostigamiento. Se le restringieron todas las actividades médicas. No podía tocar a los pacientes, ni siquiera tomar muestras de laboratorio. Mientras tanto, los comentarios despectivos no cesaban. Carlos Tevera, entonces jefe de rama quirúrgica hacía comentarios como "neurocirugía es para hombres", en alusión a su orientación sexual.

En un momento de vulnerabilidad, mientras lloraba desconsolado, recibió de Tevera una frase que lo marcó: "Si tienes muchos problemas, mejor no vengas". Milton Ruiz, jefe de neurocirugía en ese entonces, también apoyó el movimiento en su contra. Y cuando Walter buscó apoyo en la jefa de enseñanza, Heidi Archundia, la respuesta fue la misma: "Renuncia, lo mejor es que te vayas".

Una renuncia forzada y una lucha de cuatro años

El golpe final llegó cuando Walter solicitó una extensión de vacaciones a la coordinadora de enseñanza, Rocío Rangel, para recuperarse anímicamente. En lugar de apoyo, recibió presión. "Me obligó a firmar la renuncia sin que yo lo consintiera", señala. Desde entonces, hace cuatro años, Walter interpuso una demanda ante la Fiscalía y ante Derechos Humanos para que se le repare el daño y se le regrese a la residencia.

Pero el camino ha sido tortuoso. "Durante dos años no tuve ningún abogado que me defendiera", relata. Y lo que le dijeron en la fiscalía es aún más preocupante: "Nos dijeron que iban a investigar hasta donde pudieran y hasta donde los dejaran, porque estas personas tenían influencias y a veces les decían que ya no investigaran y tenían que obedecer".

El llamado de Walter: "Que dejen de lado sus prejuicios"

Walter es claro al dirigirse a quienes lo discriminaron: "Que dejen de lado sus prejuicios, que se pongan a leer. Lamentablemente son personas muy egocéntricas que dicen 'ay, es que yo soy neurocirujano, es que yo me lo sé todo', pero en temas tan básicos de medicina desconocen qué es el VIH, cómo se transmite, cuáles son los riesgos".

El testimonio de Walter deja al descubierto una paradoja dolorosa: médicos que deberían ser los primeros en conocer la enfermedad y en combatir el estigma, fueron precisamente quienes lo perpetuaron. "Que se pongan a investigar para que no le sigan dañando la vida a alguien más", sentencia.

Un mensaje para quienes enfrentan lo mismo

A pesar de todo, Walter no se rinde. Y su lucha ahora tiene un componente de solidaridad. "Si alguien más está pasando por esta situación, que me contacte a mí o a la Asamblea Nacional de Médicos Residentes para poderlos ayudar, orientarlos y que sepan qué hacer".

Su caso es un recordatorio de que la discriminación en el sector salud no es un problema del pasado, y de que quienes deberían cuidar la vida a veces son los primeros en destruirla. Walter sigue esperando justicia. Mientras tanto, su testimonio se ha vuelto una herramienta para visibilizar lo que muchos callan.

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