Theodore Roosevelt es recordado como un hombre de energía formidable que ocupó la presidencia de Estados Unidos a los 43 años. Sin embargo, detrás de la imagen del "Rough Rider" y el político incansable, existió un hombre que libró una batalla de por vida contra múltiples enfermedades físicas y trastornos mentales que moldearon su carácter y su destino.
Roosevelt tuvo una vida marcada por la tragedia y la resiliencia. Llegó a la vicepresidencia con William McKinley y asumió el cargo tras el asesinato de éste en 1901. Sin embargo, el dolor emocional lo marcó, ya que el 14 de febrero de 1884 perdió tanto a su madre, por fiebre tifoidea, como a su esposa, Alice Lee, quien murió de fallo renal tras el parto de su primer hijo. En su diario escribió sólo una frase en esa fecha: “se ha apagado la luz de mi vida”, de acuerdo con lo que relató el escritor David Owen en el libro “En el poder y en la enfermedad”.
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Para sobreponerse a lo que llamaba su "pena negra", Roosevelt se refugió en el ejercicio físico extremo, aunque los trastornos mentales y físicos lo persiguieron a lo largo de su vida.
Los padecimientos crónicos de Roosevelt
Desde su infancia, Roosevelt enfrentó condiciones que habrían incapacitado a otros. Por ejemplo, cuando era niño sufrió de cuadros de asma y diarrea crónicas, que lo persiguieron aun siendo adulto. De acuerdo con Owen, el expresidente estadounidense llegó a padecer un ataque de asma por dos semanas.
Roosevelt describía a los ataques de asma como una “pesadilla” y no es para menos, ya que esta enfermedad crónica causa la inflamación y el estrechamiento de las vías respiratorias pequeñas en los pulmones. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los pacientes experimentan tos, sibilancias al respirar, dificultad para respirar y opresión en el pecho. En su caso, a pesar de que los médicos le advirtieron que su ritmo de vida y el culturismo afectaban su corazón, él se negó a reducir la velocidad. Además, sus ataques solían exacerbarse por factores mentales como la ansiedad.
La diarrea crónica, de acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, se caracteriza por la presencia de heces blandas o acuosas tres o más veces al día durante un periodo de cuatro semanas o más. Esto es peligroso para la salud, pues puede provocar malabsorción de nutrientes y deshidratación.
Como se mencionó previamente, Roosevelt padecía una serie de trastornos mentales que lo afectaban en su vida diaria, como ansiedad, depresión, trastorno bipolar e hipomanía, aunque en su época no se diagnosticaron formalmente.
La ansiedad, de acuerdo con MedlinePlus, es un trastorno en el que la persona tiene un sentimiento de miedo, temor e inquietud que puede causar palpitaciones y tensión. En Roosevelt, la angustia y la ansiedad eran factores que propiciaban sus crisis de asma.
Owen relató que Roosevelt también padeció episodios de depresión, que él mismo definió como haber estado en el “abismo de la desesperación”. Este trastorno se caracteriza por pérdida de interés en actividades y fatiga extrema, entre otros síntomas.
Psiquiatras sugieren que el ex presidente pudo padecer también trastorno bipolar, debido a sus cambios extremos de humor. Este trastorno, según Mayo Clinic, causa episodios con exceso de energía y confianza excesiva, conocidos como manía o hipomanía, y momentos depresivos.
Además de sus enfermedades crónicas, Roosevelt sufrió lesiones físicas. Durante un combate de entrenamiento en la Casa Blanca, perdió de forma permanente la visión del ojo izquierdo, un hecho que mantuvo en secreto durante su mandato.
Theodore Roosevelt falleció el 6 de enero de 1919 a los sesenta años. Su vida demuestra cómo la determinación puede sobreponerse a la fragilidad física y mental, ya que a pesar de sus crisis respiratorias y demás problemas de salud, logró consolidarse como uno de los presidentes más influyentes en la historia de su país.
