Cuando se trata de tomar un medicamento, la mayoría de las personas piensa únicamente en la dosis y el horario. Pero un detante aparentemente menor —el líquido que usas para tragar la pastilla— puede marcar la diferencia entre un tratamiento efectivo y uno que fracasa en silencio.
Un estudio reciente de la Universidad Semmelweis, publicado en la revista Pharmaceutics, acaba de encender las alarmas: tomar ciertos medicamentos con aguas minerales alcalinas o con alta mineralización puede degradar su recubrimiento protector antes de tiempo e impedir que el principio activo llegue a donde debe llegar.
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¿Qué bebidas debes evitar?
La investigación analizó 22 bebidas de consumo habitual, entre ellas distintos tipos de agua mineral y medicinal, agua de la canilla, agua filtrada y jugo de manzana. Los resultados fueron claros: las aguas embotelladas alcalinas y aquellas con alta mineralización fueron las que generaron más alteraciones en el recubrimiento entérico de los medicamentos.
En algunos casos, la desintegración de la cubierta protectora comenzó a los cinco minutos y, tras 15 a 30 minutos de inmersión en esos líquidos, se liberó de forma anticipada más del 90% del principio activo. Es decir, el fármaco se disolvió en el estómago cuando debía haber llegado intacto al intestino.
En contraste, las bebidas ácidas como el jugo de manzana casi no afectaron la cubierta. Y el agua corriente (de la canilla) fue la única que conservó la integridad de la capa protectora en las pruebas.
¿Qué es el recubrimiento entérico y por qué importa?
El recubrimiento entérico es una capa especial que envuelve determinadas tabletas y cápsulas para impedir que el principio activo se libere en el estómago. Este sistema cumple dos funciones clave: protege ciertos compuestos de la destrucción causada por los jugos gástricos y evita que el fármaco irrite la mucosa estomacal.
Por esa razón, esta tecnología se utiliza en medicamentos para tratar el reflujo, en analgésicos antiinflamatorios, preparados de enzimas digestivas y ciertos psicofármacos. Si la protección se degrada antes de alcanzar el intestino, el tratamiento puede perder toda su eficacia, advirtieron los investigadores de Semmelweis University.
¿Qué pasa si tienes problemas para tragar?
El estudio detectó riesgos adicionales en personas que, por dificultades para deglutir, manipulan el medicamento antes de ingerirlo. Esto ocurre con frecuencia en adultos mayores, niños o personas con dolor de garganta, que abren cápsulas duras y mezclan el contenido con líquidos, yogur o compota de manzana.
Los especialistas advierten que esta práctica también puede alterar la liberación del fármaco. Por eso, antes de abrir una cápsula o partir un comprimido, lo más prudente es consultar con un farmacéutico o un médico para preservar la eficacia del tratamiento.
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