Cruzar las piernas al sentarse es un movimiento casi involuntario. Lo haces en la oficina, en el transporte público, durante una cena y hasta en el sillón de casa sin siquiera pensarlo. Pero también es una de esas posturas que cargan con una reputación ambivalente: hay quienes la consideran elegante y quienes aseguran que provoca várices, daña la circulación y desalinea la cadera. ¿Qué dice realmente la evidencia científica frente a tantas advertencias?
La respuesta, como suele ocurrir en medicina, no es un simple "sí" o "no". Diversos organismos como la Clínica Mayo y la Harvard Medical School han estudiado los efectos de esta postura, y aunque no es el villano absoluto que a veces se pinta, tampoco es inocua cuando se mantiene durante horas o cuando existen condiciones de salud previas. La clave está en entender qué le sucede a tu cuerpo cuando adoptas esa posición y en qué momento debes empezar a descruzar las piernas.
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¿Provoca várices realmente?
La creencia de que cruzar las piernas causa várices es el mito más extendido, y la ciencia lo desmiente en su formulación más tajante. Las várices se originan por una disfunción en las válvulas internas de las venas, que pierden su capacidad de impulsar la sangre de regreso al corazón, y su causa principal es genética y hormonal, no postural. Sentarse con las piernas cruzadas no genera por sí solo esa insuficiencia venosa crónica.
Sin embargo, la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular (SEACV) advierte que, en personas que ya tienen predisposición o várices incipientes, esta postura puede agravar los síntomas al comprimir momentáneamente las venas de la zona poplítea —detrás de la rodilla— y dificultar aún más el retorno venoso. La sensación de pesadez, hormigueo o hinchazón al descruzar las piernas no es una alarma falsa: es la señal de que la circulación estaba comprometida temporalmente. El matiz es crucial: cruzar las piernas no crea várices de la nada, pero puede empeorar las que ya existen o acelerar su aparición en personas con factores de riesgo.
Presión arterial y la trampa de la medición
La Asociación Americana del Corazón (AHA) advierte que, al sentarse con las piernas cruzadas, la presión sistólica puede aumentar entre 7 y 10 mmHg de forma transitoria. No es que la postura cause hipertensión crónica, sino que la compresión de las arterias femorales en la ingle obliga al corazón a bombear con más fuerza momentáneamente.
Este dato tiene una consecuencia práctica muy relevante: nunca debes cruzar las piernas mientras te toman la presión arterial, porque el resultado será artificialmente elevado y podría llevar a un diagnóstico erróneo. La AHA recomienda mantener ambos pies apoyados en el suelo, la espalda recta y el brazo a la altura del corazón para obtener una lectura real. Fuera de la consulta médica, el efecto es pasajero y no representa un peligro para personas sanas, pero sí es un factor a considerar en pacientes hipertensos mal controlados.
¿Cruzar las piernas al sentarte sí o no?
Cruzar las piernas no es el veneno postural que algunos artículos de internet proclaman, pero tampoco es una postura completamente inocua. La recomendación de los especialistas de la Clínica Mayo es sensata y sin dramatismo: si eres una persona sana, puedes cruzar las piernas sin miedo siempre que alternes la postura cada 20 o 30 minutos y te levantes a caminar periódicamente. Si tienes antecedentes de várices, hipertensión, problemas de columna o riesgo de trombosis, limita esta posición y prioriza mantener ambos pies apoyados en el suelo. Tu cuerpo no necesita una prohibición tajante, sino variedad de movimiento.
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