Todos tenemos a esa tía o a ese familiar que vemos en Navidad y/o Año Nuevo y que siempre hace las mismas preguntas incómodas: “¿Y el novio para cuándo?”, “¿Este año tampoco la dieta funcionó?”, este tipo de cuestionamientos pueden ser muy hirientes, por lo que es importante saber cómo lidiar con estos familiares, es por eso que en SuMédico entrevistamos a la Dra. Dolores Montilla Bravo, psicoanalista con amplia experiencia en el tema.
La mesa navideña, ese símbolo de unión y alegría, puede transformarse en cuestión de segundos en un ring emocional donde los recuerdos no resueltos, las expectativas frustradas y las comparaciones tóxicas se sirven como platillo de fondo. Lejos de ser una simple casualidad, esta tensión tiene raíces profundas en nuestra psique y en el contexto mismo de la temporada. El contraste entre la presión social por la felicidad obligatoria y nuestra realidad interna genera una mezcla volátil.
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La temporada navideña puede volvernos más vulnerables
¿Por qué ese tío insiste con preguntas sobre el matrimonio? ¿Por qué la tía comenta el peso? Según la Dra. Dolores Montilla Bravo, psicoanalista con amplia experiencia, estas fiestas actúan como un espejo aumentador.
"La Navidad nos confronta con lo que hemos logrado, con lo que no... y nos remite mucho a nuestra infancia", explica. Para quienes vivieron infancias dolorosas, la reunión puede reactivar heridas antiguas. La clave para no ser víctima del drama no está en evitar la reunión, sino en llegar con una estrategia clara y un arsenal de herramientas psicológicas.
La Dra. Montilla desglosa los factores que convierten la cena en un campo minado. Primero, el invierno: "Los días son más cortos, hay menos luz... provoca una tendencia natural a retraerse, a bajar el estado de ánimo". A esta disposición biológica se suma el balance anual: un ejercicio forzoso que puede dejar al descubierto frustraciones y duelos (pérdidas de personas, trabajos, estatus). Pero el golpe más fuerte viene del pasado: "Si los recuerdos de la infancia fueron buenos... llenan el corazón de amor. Pero muchos no vivieron infancias gratas... y se reactivan sentimientos de enojo". Quien llega a la cena cargando esto, puede herir fácilmente o estar irritable.
¿Cómo prepararse si sabemos qué veremos al familiar “incómodo”?
El primer paso, y el más crucial, es la inteligencia emocional previa. "Hay que tener muy presente con qué tipo de familia nos vamos a reunir", enfatiza la Dra. Montilla. Esto incluye desde el código de vestimenta hasta los temas sensibles. Luego, viene el ensayo mental. ¿Y si preguntan por los "kilitos de más"? Ella propone respuestas asertivas y hasta ingeniosas: "Fíjate que sí, crecieron un poco mis kilos, pero también creció mi paciencia para ciertas personas". Para el ineludible "¿y para cuándo la boda?", sugiere: "Esto del matrimonio es una construcción seria que lleva tiempo. Y en esas estoy". Incluso recomienda usar herramientas como ChatGPT para simular escenarios y preparar réplicas que pongan un límite sin ofender.
El kit de supervivencia en tiempo real: Respiración, retirada y excusas creíbles
Cuando un comentario impacta y sientes que la ansiedad o el enojo te desbordan, la Dra. Montilla recomienda técnicas de contención inmediata. "Respirar profundo y decir: 'Con permiso, voy al baño'". Esa pausa es vital para preguntarte: "¿Voy a permitir que me echen a perder este día?". Si el ambiente se enrarece, planificar una salida estratégica es clave. "A una hora prudente... puedes dar una excusa inteligente", como un compromiso matutino ficticio. La retirada no es una derrota, sino una decisión soberana de autocuidado. Otra táctica útil es ofrecerse a ayudar en la cocina: una forma legítima de "salir de la escena" conflictiva.
¿Cómo hacer para enfrentar a un familiar que nos hirió con sus comentarios?
Lo que ocurre después de la cena es tan importante como lo que sucedió en ella. Si el agravio provino de una persona significativa, la psicoanalista recomienda un encuentro posterior en un entorno neutral: "Ya pasando las fiestas, puedes invitarla a un café... y decirle: 'Oye, el día de Navidad, ¿por qué te comportaste así? Me lastimaste muchísimo'". Este enfrentamiento calmado libera la carga emocional. Además, la intensidad de nuestra reacción es una pista valiosa: "Si alguien nos dice algo que nos perturba intensamente, tocó una fibra sensible". Analizar por qué nos dolió tanto es un camino de autoconocimiento para fortalecer la autoestima y no darle a los demás el poder de definir nuestro valor.
La gran decisión: ¿Ir o no ir si veremos a un familiar “incómodo”?
¿Qué hacer cuando el sentimiento predominante es el gran debate, la angustia anticipatoria? La Dra. Montilla propone un análisis de costo-beneficio realista. "Poner en la balanza qué vas a obtener o qué vas a perder". Hay que ponderar factores como la edad o salud de los padres (quizás sea su última Navidad), contra el desgaste emocional previsible.
La solución no es siempre blanca o negra: se puede acudir un tiempo limitado, crear celebraciones alternativas el 25 o el Día de Reyes con la "familia elegida", o incluso declinar la invitación con una excusa diplomática. "Si lo que vas a perder es demasiado, puedes mejor no ir". La prioridad debe ser la protección de la paz mental.
Las fiestas no tienen por qué ser una prueba de resistencia al maltrato. Con la guía de la Dra. Montilla, transformamos la obligación tensa en un ejercicio de asertividad, inteligencia emocional y límites sanos.
La Navidad, en su esencia, trata de compartir y conectar, pero esa conexión debe empezar por una auténtica protección de nuestro bienestar interior. Llegar preparado, con frases clave en el bolsillo y un plan de salida, nos permite recuperar la agencia. El verdadero espíritu navideño puede florecer cuando decidimos, conscientemente, no permitir que comentarios imprudentes opaquen la luz de nuestra propia paz.
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