Lo que muchos hombres toman a diario para aliviar la molestia de ir al baño podría estar jugando en contra de su visión. Un macroestudio internacional publicado en el British Journal of Ophthalmology encendió las alarmas al encontrar un vínculo significativo entre el consumo prolongado de tadalafilo y el desarrollo de glaucoma.
Los datos, extraídos de más de 73 mil pacientes, sugieren que este medicamento, tan popular para la próstata como para la disfunción eréctil, podría tener un efecto secundario silencioso en los ojos.
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Si bien los autores piden cautela y aclaran que no hay una relación de causa y efecto directa, la cifra es contundente: el riesgo de padecer la enfermedad ocular es un 22% mayor en quienes lo consumen.
Un riesgo ocular que crece con el tiempo
El peligro no parece estar en la dosis esporádica, sino en la exposición constante. El estudio reveló que los hombres que usan tadalafilo a diario para controlar los síntomas prostáticos tienen un 32% más de probabilidades de sufrir hipertensión ocular y un 33% m??s de ser diagnosticados con glaucoma primario de ángulo abierto, la variante más común y peligrosa.
A los cinco años de seguimiento, la incidencia de glaucoma en el grupo de usuarios fue del 3,93%, frente al 3,16% del grupo que no tomaba el fármaco. Este incremento, aunque parece pequeño en números absolutos, representa una diferencia relevante en una población de hombres mayores que ya parten con factores de riesgo.
¿Por qué ocurre? La teoría de la vasodilatación
El doctor Chien-Chih Chou, autor principal del estudio, explica que la clave podría estar en el efecto vasodilatador del medicamento. "El tadalafilo incrementa el flujo sanguíneo al pene, pero también puede elevar la presión en los vasos sanguíneos del ojo y aumentar el riesgo de daño en el nervio óptico", advierte el investigador.
Este mecanismo, sumado a la exposición prolongada que implica el tratamiento diario para la próstata (a diferencia del uso intermitente para la disfunción eréctil), podría amplificar el daño ocular. Antecedentes científicos previos ya habían apuntado a esta relación, aunque con resultados contradictorios que este nuevo análisis busca esclarecer.
La recomendación de los expertos: vigilar sin alarmarse
Pese al hallazgo, los investigadores son enfáticos en que esto no significa que los pacientes deban abandonar su tratamiento. La recomendación es clara: realizar una evaluación oftalmológica inicial y controles periódicos, especialmente en quienes tengan antecedentes familiares de glaucoma, miopía elevada o hipertensión ocular.
El estudio, al ser observacional, no permite establecer una causalidad directa y tiene limitaciones, como la falta de control sobre la adherencia exacta al tratamiento. Sin embargo, los expertos insisten en que estos resultados son una señal de alerta para que médicos y pacientes mantengan un seguimiento estrecho mientras la ciencia continúa investigando este vínculo.
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