La pérdida auditiva puede clasificarse, independientemente de su causa, según el grado de afectación: leve o superficial, media o moderada, severa y profunda.
Existen diversas causas y niveles de pérdida auditiva; algunas pueden tratarse con medicamentos o cirugía, mientras que otras no son curables. En estos casos, es necesario recurrir a alternativas que permitan a la persona afectada seguir comunicándose con su familia y su entorno en general; para ello existen los auxiliares auditivos.
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El uso de auxiliares auditivos permite sobreponerse a la pérdida de audición y mantener una vida activa en los ámbitos social y profesional, aunque su efectividad varía según el grado de afectación.
La pérdida auditiva, por su parte, puede originarse por múltiples causas, entre ellas infecciones, lesiones derivadas de accidentes y efectos secundarios de ciertos medicamentos. A esto se suma el deterioro natural de la audición con el paso del tiempo, el cual puede agravarse por factores como la herencia, el tabaquismo, la obesidad, la diabetes y la hipertensión.
Lo que aportan los auxiliares auditivos a la calidad de vida
Para las personas con pérdida auditiva leve a moderada, los auxiliares auditivos representan una alternativa eficaz. Estos dispositivos tienen la función de amplificar los sonidos, lo que permite percibirlos con mayor claridad. En otras palabras, apoyan al oído natural a captar mejor el sonido de nuestro alrededor.
Son aparatos externos, discretos y diseñados para usarse con comodidad a lo largo del día. Los modelos más avanzados incorporan baterías recargables y conectividad Bluetooth, lo que facilita enlazarlos con el teléfono celular para atender llamadas, reproducir música, ver contenido audiovisual y ajustar el volumen, entre otras funciones. Asimismo, es fundamental que estén correctamente calibrados, de acuerdo con el grado de pérdida auditiva, ya que el objetivo no es solo escuchar más fuerte, sino comprender mejor el habla. No obstante, su eficacia es menor en casos de pérdida auditiva severa o profunda, donde el implante coclear suele ser la opción más adecuada.
Además, no solo mejoran la audición; también aportan beneficios significativos en el plano psicológico y social:
- Evita el aislamiento social y la depresión, problemas frecuentes entre quienes tienen pérdida auditiva, promoviendo independencia, confianza y seguridad personal.
- Facilita la comunicación con familiares y en entornos sociales, disminuyendo el agotamiento físico y mental que provoca el esfuerzo constante por escuchar y comprender.
- Favorece una mayor concentración, ya que al escuchar sin esfuerzo se puede enfocar mejor en las conversaciones y actividades diarias.
- La pérdida auditiva en adultos mayores es un factor de riesgo para el desarrollo del Alzheimer; el uso de auxiliares auditivos frena el deterioro cognitivo de estas personas.
- Contribuye a mejorar el equilibrio: la audición deficiente se asocia con mayor riesgo de caídas, y los auxiliares auditivos ayudan a recuperar la percepción del entorno y la estabilidad.
¿A qué se debe el rechazo inicial al uso de auxiliares auditivos?
Existen distintos factores que explican esta situación. Por un lado, persiste un estigma social, ya que el uso de auxiliares auditivos suele vincularse con la vejez, una percepción que muchas personas buscan evitar. Además, quienes presentan hipoacusia no siempre son conscientes de lo que dejan de escuchar, por lo que tienden a minimizar la necesidad de utilizarlos. A esto se suma que no representan una solución perfecta. Cuando el oído interno está dañado, la calidad del sonido no se recupera por completo, incluso con dispositivos avanzados. Por ello, su uso puede implicar un periodo de adaptación que requiere varias sesiones de ajuste y calibración hasta lograr mayor comodidad.
En un centro especializado en neuro-otología, podrán evaluar la pérdida auditiva, las necesidades individuales y el estilo de vida para brindar la mejor recomendación y atención al respecto.
