El virus del papiloma humano (VPH) es una de las infecciones de transmisión sexual más comunes en el mundo, lo que hace posible que la mayoría de las personas pueda tener contacto con el virus en algún momento de su vida, y lo que es peor, muchas veces sin saberlo, debido a que la infección puede no causar síntomas durante años.
Aunque en algunos casos el organismo elimina el virus de forma natural, algunas cepas de alto riesgo pueden permanecer en el cuerpo y provocar cambios celulares que, con el tiempo, derivan en cáncer.
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La infección suele relacionarse con el cáncer cervicouterino, pero sus efectos van más allá , pues diversos estudios han demostrado que el VPH también está asociado con cáncer de ano, pene, vagina, vulva, incluso algunos tumores que afectan la boca y la garganta.
Ante este panorama, especialistas advierten que la vacunación es una de las herramientas más importantes para reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con el virus.
El error que sigue repitiéndose
Pese a las recomendaciones médicas, muchas personas continúan posponiendo o rechazando la vacuna porque consideran que no la necesitan, creen que solo está dirigida a mujeres o piensan que debe aplicarse únicamente cuando ya existe una vida sexual activa.
Pero los expertos advierten que estas ideas son incorrectas, pues la vacuna está diseñada para brindar protección antes de la exposición al virus, por lo que aplicarla a tiempo permite obtener el mayor beneficio preventivo posible.
Además, tanto hombres como mujeres pueden contraer el VPH y desarrollar enfermedades relacionadas con la infección, por ello, los programas de vacunación han ampliado su cobertura para incluir a ambos sexos.
El VPH también puede afectar la boca y la garganta
Uno de los aspectos menos conocidos del VPH es su relación con algunos tipos de cáncer que se desarrollan en la boca y la garganta.
Investigaciones realizadas durante los últimos años han identificado que ciertas cepas del virus pueden infectar tejidos de estas zonas y aumentar el riesgo de desarrollar tumores, particularmente en las amígdalas y en la parte posterior de la garganta.
La preocupación de los especialistas radica en que estas infecciones suelen pasar desapercibidas. En muchos casos no provocan síntomas evidentes durante largos periodos, por lo que las personas desconocen que han estado expuestas al virus.
Por esta razón, médicos y expertos en salud pública destacan que la prevención sigue siendo fundamental. Entre las medidas más importantes se encuentran la vacunación, la educación sexual y las revisiones médicas periódicas.
Los mitos que frenan la vacunación
La vacuna contra el VPH ha sido objeto de numerosos mitos desde su introducción, siendo uno de los más frecuentes que puede causar problemas graves de salud o afectar el desarrollo de quienes la reciben.
Sin embargo, organismos sanitarios internacionales señalan que las vacunas contra el VPH cuentan con un perfil de seguridad respaldado por años de investigación y millones de dosis aplicadas en distintos países; los efectos secundarios más comunes suelen ser leves y temporales, como dolor en la zona de aplicación, enrojecimiento, inflamación o fiebre baja.
Otro mito recurrente es que la vacunación fomenta el inicio temprano de la actividad sexual, aunque los estudios científicos realizados no han encontrado evidencia que respalde esta afirmación.
Una herramienta clave contra el cáncer
Especialistas coinciden en que la vacuna no sustituye otras estrategias de prevención ni los programas de detección oportuna. Sin embargo, representa una medida eficaz para disminuir el riesgo de infección por los tipos de VPH más asociados con el desarrollo de cáncer.
En ese sentido, el principal error sigue siendo dejar pasar la oportunidad de vacunarse por miedo, desconocimiento o información falsa. La evidencia científica disponible muestra que la inmunización puede reducir significativamente el riesgo de padecer enfermedades relacionadas con el virus y convertirse en una herramienta clave para prevenir distintos tipos de cáncer en el futuro.
