Predecir cuánto vivirá una persona mayor ya no depende únicamente de su edad cronológica o del número de enfermedades que acumula. Un equipo de la Universidad Ben-Gurion del Néguev, en Israel, acaba de demostrar que un gesto tan simple como dar un paso rápido mientras se está distraído puede revelar más sobre la longevidad que muchos análisis clínicos complejos. La clave no está en caminar mucho, sino en iniciar el movimiento con rapidez cuando el cerebro está ocupado en otra cosa.
La investigación, publicada en la revista Gerontology y liderada por el profesor Itshak Melzer, analizó durante dos décadas a 120 adultos mayores divididos en dos grupos de edad.
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Los participantes debían dar un paso veloz sobre una plataforma de fuerza mientras realizaban simultáneamente una tarea cognitiva: nombrar el color de la tinta de palabras impresas en tonos que no coincidían con su significado. Ese pequeño retraso mental, apenas perceptible, resultó ser un predictor biológico extraordinario.
Cien milisegundos que marcan la diferencia
Los resultados fueron tan contundentes como reveladores. Por cada aumento de 100 milisegundos en el tiempo que un adulto mayor tardaba en iniciar el paso durante la prueba de doble tarea, el riesgo de mortalidad se disparaba un 28%. Dicho de otro modo: un retraso equivalente a un parpadeo lento se traducía en una probabilidad significativamente mayor de fallecer durante el período de seguimiento.
La razón, explican los investigadores, radica en el procesamiento neural central. La velocidad sensorial y de conducción nerviosa básica no varía entre una persona rápida y una lenta; el retraso se produce en el cerebro, que tarda más en organizar la respuesta motora cuando debe atender una distracción. "Nuestros músculos hacen lo que el cerebro les dice", resume Melzer. "El cerebro es la gran computadora que da órdenes y establece qué funciona primero y cuánto tienen que contraerse los músculos".
Una herramienta clínica sencilla y accesible
Los investigadores defienden que una prueba de paso voluntario es fácil de realizar y no requiere una especialización profesional elevada, lo que la convierte en un indicador accesible de vitalidad funcional. A diferencia de las mediciones tradicionales de equilibrio estático —como mantener la postura con los ojos cerrados—, las pruebas dinámicas de paso demostraron ser más precisas para predecir el riesgo de muerte a largo plazo.
Melzer incluso sugiere que las aseguradoras de salud y las residencias asistidas podrían incorporar esta evaluación de forma rutinaria. El objetivo no es etiquetar a nadie, sino identificar a tiempo a quienes podrían beneficiarse de programas de rehabilitación del equilibrio. Y hay buenas noticias: la velocidad de paso voluntario es una capacidad modificable que mejora con entrenamiento específico. Ejercicios como el apoyo en una sola pierna, caminar de talón a punta o las sentadillas en silla fortalecen los músculos implicados y agilizan la respuesta del sistema nervioso.
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